lunes, 14 de junio de 2010

Los cuentos de ZP: El canto del cisne (II)

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(Artículo publicado el 29 de junio de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)






Hace un par de semanas, antes incluso de que la Roja vistiera de azul y ganara, escribía la primera parte de este artículo, o sea, la versión académica aunque resumida del estudio dramático en un solo acto de Anton P. Chejov, titulado El Canto del cisne (Lebedinnaya Pesnia), en el que un viejo actor acabado, tras emborracharse, se queda dormido y llega tarde al teatro. La función ha terminado y en el teatro sólo queda Nikita, el apuntador, que pese a todo jalea y aplaude al viejo comediante cuando éste, recordando su brillante carrera en un patético canto del cisne, recita pasajes de Pushkin y de Shakespeare. “¡El público le quiere, Vasil Vasilich!”, le grita el apuntador, “¡Qué fuerza, qué talento, qué arte!”. Al final, el actor recita unos versos de La desgracia de ser inteligente, de Griboodov, tras lo cual sale de la escena y el telón cae lentamente:


¡Fuera de Moscú!


¡Aquí no vuelvo más!


¡A escape voime sin volverme atrás


en busca por el mundo de un rincón


do refugiar el sentimiento herido!...


¡Mi berlina! ¡Que traigan mi berlina!...


VERSION ADAPTADA: El presidente volvía a la mesa del Consejo, tras hablar a solas por teléfono con el líder planetario del otro lado del Atlántico. El tirón de orejas económico y la reprimenda por haber puesto en peligro la estabilidad del sistema económico mundial ya estaban olvidados. El presidente, tan borracho de poder como el primer día, sonreía al pensar que, al fin y a la postre, uno no recibía todos los días una llamada directa de la Casa Blanca. Es más, Zapatero estaba seguro de que Obama no había hecho llamado ni a Sarkozzy ni a la Merkel.A lo que vamos”, se decía, “le voy a rebajar el sueldo a los ricos y a los funcionarios, que eso lo aplaude el pueblo, para repartirlo entre los pobres, eso sí, a través de los presupuestos del Estado, y así Obama comprobará la sintonía cosmogónica que existe entre nosotros, los líderes planetarios. La próxima vez que me llame, tal vez esta tarde o mañana, le pediré que haga callar a esa especie de valkiria que es Angela Merkel, que Alá confunda”. Sonrió con más convicción y afirmó el paso aún tambaleante. Ese anatema islámico, pensaba para sí, era uno de los posos que le había dejado su fenecido proyecto de Alianza de Civilizaciones. Sonaba mejor y resultaba más multicultural que aquellas frases tan ranciamente españolas y, por tanto, tan denostadas por la izquierda progresista que él representaba, de “Anda y que te zurzan” o “Anda y que te ondulen con la permanén”, por poner un par de ejemplos preconstitucionales:


Abrió la puerta del Consejo y no vió a nadie, excepto a Leire Pajín.


ZAPATERO: ¿Dónde están todos? ¿Y María Teresa? ¿Y el fiel Pepiño? ¿Y Bibiana, la centinela de la modernidad? −preguntó alarmado.


PAJÍN: Se han ido, Presidente. La función ha terminado.


ZAPATERO: Todo el mundo se ha ido, como Bibiana, la castañuela del régimen, me han dejado solo. ¡Soy viejo! ¡Estoy enfermo y ya es hora de que me muera!... ¡Qué miedo! ¡Qué miedo!...


PAJÍN: De lo que es hora es de que te vayas a casa, Zapaterovich...


ZAPATERO: ¡No quiero ir allí! ¡No quiero!... ¡Allí estoy solo, no tengo a nadie, Leiruschka!... ¡Ni parientes, ni vieja, ni hijos!... ¡Estoy tan solo como el viento en el campo!... ¡Cuando me muera, nadie se acordará de mí!...


PAJÍN: ¡El público te quiere, Zapatovich!...


ZAPATERO: ¡El público se ha ido, como Bibiana, la defensora del burka! ¡A estas horas está durmiendo y no se acuerda de su bufón!... Sí... ¡Nadie me necesita! Nadie se acuerda de aquello de la Alianza de Civilizaciones, Leiruschka.


PAJÍN: ¡Qué fuerza! ¡Qué talento! ¡Qué arte!


ZAPATERO: ¡La vejez!... ¡Qué diablos! ¡Aquí no hay vejez alguna!... ¡Tontería todo!... Como aquello de “Mi patria no es España sino la libertad..., o lo otro de “Otegui es un hombre de paz” o eso otro de “Fumar es derechas”.


PAJÍN: ¡Es usted un talento, Zapatrosky! ¡Un talento!


ZAPATERO: No, Leiruschka!... ¡Nuestra canción está cantada!... ¡Vaya talento el mío!... ¡Lo que soy es un limón estrujado..., un clavo oxidado!... aunque nadie habrá olvidado aquello de “Humildemente me defino como un adalid de la paridad, justiciero de las mujeres, rojo feminista y anarcosindicalista”... ni lo de “Yo tengo dos hijas. La mayor vió Bambi unas quinientas veces y yo con ella. ¿Y cómo termina Bambi? Se convierte en Rey de la Selva”...


¡Fuera de La Moncloa, aquí no vuelvo más!


¡Mi berlina, que traigan mi berlina!


(Sale seguido de LEIRE PAJÍN. El telón baja lenta y tristemente.)


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1 comentario:

Emilio Valdecasas dijo...

Mis felicitaciones. Es francamente buena esta adaptación, y muy divertida. ¿Ha pensado en publicar estos artículos en un libro? Hágalo por favor.