martes, 9 de abril de 2013

Por amor a Dios


Hermana Marta Irigoy

(Artículo publicado el 9 de abril de 2013 en el diario La Opinión de Murcia)



Apenas ha terminado de decir el Papa Francisco que quiere una iglesia pobre que sirva a los pobres, cuando la ejecutiva federal del PSOE, henchida de amor fraterno, propone la creación de un fondo público de mil millones de euros para combatir la pobreza en España. Pero no se me maravillen todavía porque no se trata de la primera conversión que consigue el Papa Francisco, conversión federal se entiende, ni de que Rubalcaba haya fichado por la filas de la Compañía de Jesús, aunque algo jesuítico me ha parecido siempre,  sino que estamos ante la habitual contraprogramación socialista de las esperanzadoras palabras del Papa. Y por si alguien se preguntara que de dónde va a sacar el Estado esos millones de euros, los cachorros  de las Juventudes socialistas se han apresurado a señalar con el dedo los fondos del Estado que recibe la Iglesia Católica. Es la jugada redonda que nos colaban siempre, con la diferencia de que hoy ya no cuela, entre otras cosas porque la iglesia también ha aprendido a usar las redes sociales. Sólo los muy tontos o los muy ciegos no alcanzan a ver la inmensa labor social que desarrolla la Iglesia en el mundo con sus propios recursos, especialmente de la mano de Caritas y de tantos religiosos, religiosas y seglares católicos que educan, curan, alimentan y consuelan a los que sufren por caridad, por amor al prójimo, por amor a Dios. La diferencia entre la prédica socialista y la caridad cristiana es que en la primera el trigo siempre es ajeno.
                Hace unos días, la hermana Marta Irigoy, una monja argentina con la entablé amistad a través de Facebook, publicó un anuncio que decía lo siguiente: “Si estás de acuerdo con la suspensión de fútbol para todos, poné me gusta y compartir. Que esos recursos se utilicen para reconstruir lo que el agua se llevó, para obras de infraestructuras básicas para prevenir desastres, para reequipar al servicio meteorológico nacional, etc.” Se trataba de una convocatoria que había efectuado una organización católica en Argentina para recaudar fondos con los que atender a los damnificados por las recientes inundaciones del Mar del Plata. Pinché en “me gusta” y “compartir” con sumo gusto, entre otras cosas porque la iniciativa solidaria en un país en el que el fútbol es casi una religión nacional me pareció ejemplar. Si los argentinos eran capaces de renunciar una jornada al fútbol para ayudar a las víctimas de las inundaciones, y lo más sorprende de todo, al Estado, es para que a nosotros los españoles se nos cayera la cara de vergüenza. En plena crisis económica, con seis millones de parados españoles, con las calles pobladas de mendigos, con los comedores sociales que no dan abasto y con familias enteras desahuciadas por no poder hacer frente a sus hipotecas, los españoles no hemos renunciado a una sola fiesta, ni a los Carnavales, ni a las Fallas, ni al Bando, ni al Entierro de la Sardina, ni renunciaremos a la Feria de Abril, ni al Rocío, ni a la Tomatina, ni ná de ná.
                La hermana Marta tiene también tiene un blog titulado Espiritualidad Cotidiana, en el que publicó hace unos meses una poesía de Gabriela Mistral, El placer de servir, que resume todo esto:

Toda naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.
Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los
corazones y las dificultades del problema.

Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay,
sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.
Que triste sería el mundo si todo estuviera hecho,
si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.

Que no te llamen solamente los trabajos fáciles
¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!
Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito
con los grandes trabajos; hay pequeños servicios
que son buenos servicios: ordenar una mesa, ordenar
unos libros, peinar una niña.

Aquel que critica, éste es el que destruye, tu sé el que sirve.
El servir no es faena de seres inferiores.
Dios que da el fruto y la luz, sirve.
Pudiera llamarse así: "El que Sirve".

Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos
pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién?
¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?
.

1 comentario:

Esteban Ramírez dijo...

Qué buena iniciativa la de la Hna Marta Irigoy!! El Imperio Romano entretenía al pueblo con "PAN Y CIRCO" y hoy nuestros gobiernos siguen haciendo lo mismo!! Cuánto dinero robado e invertido en cosas que no son esenciales!! Cuántos hermanos que sufren y cuánta indiferencia de nuestros representantes!!! Gracias Hna Marta, gracias a todos los hnos que trabajan por la JUSTICIA SOCIAL!! Bendiciones!! Esteban (Argentina).