martes, 9 de octubre de 2012

El Cuestionario Proust




(Artículo publicado el 9 de octubre de 2012 en el diario La Opinión de Murcia)


Con el fin de protegerme del efecto combinado del fútbol y la política, y perdonen ustedes la redundancia, he pedido a Ignatius, ya saben, mi asesor en materia de repúblicas federales, que rellene el Cuestionario Proust. Pero antes les diré algo sobre el autor de À la recherche du temps perdu y su famoso cuestionario, del que a pesar de llevar su nombre no fue el autor sino tan solo el primer personaje famoso que lo contestó. Marcel Proust tampoco inventó la magdalena, y, sin embargo, la más famosa de todas ellas salió de su pluma cuando Charles Swann, el protagonista de su obra, revive los tiempos perdidos de la infancia mientras moja una magdalena en su taza de té. El cuestionario lo encontró Proust entre los papeles de una amiga suya y lo contestó en varias ocasiones a lo largo de su vida. Varios periodistas lo han usado para entrevistar a sus invitados, entre ellos James Lipton en su famoso programa de televisión Inside the Actor´s Studio quien equivocadamente atribuyó su autoría al escritor francés. También la revista Vanity Fair lo usó en numerosas ocasiones para entrevistar a celebridades.
            Bien, pues allá va el cuestionario y, lo que es peor, las respuestas de Ignatius:
            1. ¿Cuáles son los principales rasgos de su carácter? Extremadamente inteligente, muy comedido y ejemplarmente humilde.
            2. ¿Qué cualidad aprecia más en un hombre? Que se tire pedos y que masque chicle al mismo tiempo, algo que no podía hacer Richard Nixon, creo recordar.
            3. ¿Qué cualidad aprecia más en una mujer? Que juegue al dominó sin hacer señas ni trampas.
            4. ¿Qué es lo que más aprecia de sus amigos? Su frigorífico
            5. ¿Cuál es su principal defecto? No tengo. Bueno, tal vez que no vuelo.
            6. ¿Cuál es su ocupación favorita? Como saben muy bien mis vecinos, tocar la trompeta durante horas.
            7. ¿Cuál es su ideal de la felicidad? Darme un chapuzón en el estanque de chocolate de Willy Wonka en compañía de los Oompa-Loompas.
            8. ¿Cuál sería para usted la mayor desgracia? Que el estanque de chocolate estuviera vacío.
            9. ¿Qué le gustaría ser? Hablando con toda la humildad, si no fuera Ignatius me gustaría ser Ignatius, y si ya lo fuera, como me ocurre, me gustaría ser un elefante. Viviría pegado a una trompeta y la estaría tocando a todas horas.
            10. ¿Dónde le gustaría vivir? ¿Si fuera elefante, dices? Lejos de Don Juan Carlos. Y si fuera Ignatius, donde vivo, en tu casa y en tu sillón favorito.
            11. ¿Cuál es su color favorito? El verde, es el más comestible de los colores.
            12. Cuál es la flor que más le gusta? La coliflor y la alcachofa, por lo mismo que el color verde.
            13. ¿Cuál es el pájaro que más le gusta? No me gusta lo que insinúas.
            14. ¿Quién es su autor favorito en prosa? Sin duda, Graham Bell. Escribió Guía Telefónica de Nueva Orleans, una novela algo pesada con una enorme variedad de personajes.
            15. ¿Y en poesía? ¡Ah, en poesía…! Artur More es uno de mis favoritos ¿Has leído el poema “Artur President amb Catalunya Independent”, de Cuadernos para un Suicidio? Te lo recomiendo.
            16. ¿Cuál es su héroe de ficción favorito? Sin dudarlo, Mariano Mariánez, ese funcionario que, tras muchas aventuras, logra llegar siempre a final de mes.
            17. ¿Y su heroína? Son dos: la Santa Monja Rosvita, aquella mujer excepcional que iluminó las horas oscuras del medioevo, y la santa esposa de Mariano Mariánez, el Superfuncionario Cósmico.
            18. ¿Cuál es su compositor musical favorito? Yo mismo, te lo digo humildemente. Déjame que coja mi trompeta…
            19. ¿ Y el pintor? Doña Cecilia Giménez, la del Ecce Homo de Borja… Es como la santa Monja Rosvita pero con paleta y pinceles.
            20. ¿Cuál es su héroe de la vida real? Hay muchos, es muy difícil escoger entre Paul Hunn, autor del eructo más ruidoso del mundo, o Kevin Shelley, quien fue capaz de romper con la cabeza cuarenta y seis retretes en un minuto, o el incomparable Donald Gorske, que es el hombre que más hamburguesas ha consumido, o Ashrita Furman, que fue capaz de recorrer 1.668 metros con un taco de billar en equilibrio sobre la barbilla, o Monsieur Mangetout, que consiguió comerse dieciocho bicicletas y una avioneta, o José Luis Rodríguez Zapatero, que consiguió…
            21. ¿Cuál es su nombre favorito? El de un niño mejicano a quien por empeño de su abuelo bautizaron como Brhadaranyakopanishadvivekachudamani Erreh Muñoz, de los Muñoces de toda la vida.
            22. ¿Cuál es el hábito ajeno que menos soporta? El trabajo.
            23. ¿Qué es lo que más odia? Al parecer, lo que Más odia es España,.
            24. ¿Cuál es el personaje histórico que menos le gusta? Sin lugar a dudas Henry Ford, que intentó cargarse la siesta española, aunque afortunadamente sólo lo consiguió en los países más desarrollados.
            25. ¿Un hecho de armas que admire? La Guerra de las Galaxias, creo recordar.
            26. ¿Qué don de la naturaleza le gustaría poseer? La capacidad felina de dormir todo el día.
            27. ¿Cómo le gustaría morir? Antecedido por todos.
            28. ¿Cuál es su estado habitual de ánimo? Animoso y alegre, aunque desfallecido de hambre.
            29. ¿Qué defectos les inspiran más indulgencia? La aerofagia y la calvicie.
            30. ¿Cuál es su lema? Dios es amor, el amor es ciego, Ray Charles era ciego, luego Ray Charles era Dios.

            Lo que les dije.
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martes, 2 de octubre de 2012

Es el dólar, imbécil



(Artículo publicado el 2 de octubre de 2012 en el diario La Opinión de murcia)


Habrá quienes digan que fútbol y política son la misma cosa, que son dos partes de un todo, que todo es política y que, por tanto, el fútbol también lo es, que hay política en el fútbol y fútbol en la política, que en España ser presidente del Real Madrid es más que ser ministro y que nada hay más parecido a veintidós pares de botas dando patadas a un balón que un gobierno al completo dando patadas al contribuyente. Y seguramente tendrían razón todos ellos si no fuera porque en un principio el fútbol fue concebido precisamente para entretenerse y pasar el rato de manera divertida, lejos de los serios asuntos de la polis, por cuya razón el fútbol debiera ser una de las actividades más lejanas y distantes de la política. Pero ocurre que, con el paso del tiempo, el fútbol se transformó en un espectáculo de masas que mueve gigantescas cantidades de dinero, y, claro, si en el entretenimiento intervienen las pelas, el ocio se convierte en negocio y el fútbol en política.
            Digo esto porque, después de todo lo que hemos visto y oído estos días sobre el soberanismo catalán, el referéndum ilegal pero despenalizado por el ímpetu suicida del Irrepetible Contador de Nubes, la solución federalista y oportunista de Rubalcaba y el Santiago y cierra España de Mariano Rajoy, después de todo esto o en mitad de todo ello no debiera sorprendernos que Sandro Rosell, presidente del F.C. Barcelona-que-es-más-que-un-club, haya proclamado un día que él es catalán (como su nombre indica, por cierto) y catalanista como el Barsa, y que siempre defenderá el derecho de los pueblos a decidir su futuro (sic), para matizar al día siguiente que pase lo que pase políticamente en Cataluña, el Barcelona seguirá jugando en la Liga del Estado Español.
            A Ignatius, mi asesor en cuestiones de estupidez soberana, le encanta todo esto. Como todos ustedes saben, pues les supongo lectores consumados de La Conjura de los necios, la épica novela de John Kennedy Toole (nada que ver con aquel Kennedy asesinado en Dallas, querido lector Malasombra), Ignatius es norteamericano de USA, o lo que es igual procede de un país que es una gran paradoja: es una república federal, tal vez la más federal de todas las repúblicas, y al mismo tiempo es el país más unido del mundo, también como su propio nombre indica. Lo que les vengo a decir es que, de todo esto, Ignatius sabe un huevo.
            ― ¡Pues claro que Estados Unidos es un país unido! Para que se pueda decir que algo está unido hay que empezar por aceptar que ese algo esté formado de partes diferentes. Del mar o del aire en su conjunto no se puede decir que estén unidos, pues cada uno de ellos forman un todo. En cambio, sí se puede decir que están unidos los ingredientes que forman una paella o un arroz y habichuelas, para que me entiendas. Dicho de otra manera, para que un conjunto esté unido es preciso que sus partes sean separables, el arroz de las habichuelas, y que, pese a ello, permanezcan juntas por obra y arte de un ligamento. Vosotros, los españoles, lleváis siglos creyendo que España es una, grande, libre e indivisible, algo así como el mar, el espacio sideral o El Otoño del Patriarca de García Márquez, pero no es así. España es, como todo los países de este mundo, la suma de sus partes. Vuestro problema es que os falla la ligazón.
            ―Pero Ignatius ―le dije―, yo creo que, en cuestión de elementos comunes, España tiene muchísimas más razones para permanecer unida que tu país, Estados Unidos. Por ejemplo, tenemos una historia común de más de cinco siglos de antigüedad, un idioma común, un territorio común, una religión común, un perfil étnico común…
            ―¡Bobadas! Todo eso no sirve para nada y además tampoco es cierto ―me interrumpió Ignatius―. La historia sólo es común si el común de los mortales al que se refiere la percibe así, como ocurre en Estados Unidos. En vuestra España cada Región, cada ciudad, cada pueblo y cada barrio presume de su propia historia para nada común con la de los demás. Sólo tienes que comparar los libros de texto que estudian vuestros escolares. ¿A qué idioma común te refieres? ¿Al castellano? ¿Al catalán? ¿Al euskera? ¿Al bable? ¿Al árabe? ¿Al guachinglis que hablan los jóvenes a través de la redes sociales? Y qué decir del territorio común o de la religión… En mi país, que es casi un continente, hay enormes diferencias sociopolíticas entre el norte y el sur, existen cincuenta estados diferentes, tenemos seis husos horarios distintos, se hablan todos los idiomas del mundo y conviven en él todas las religiones y, sin embargo, todos los norteamericanos se ponen en pie ante la bandera de barras y estrellas, en todas las competiciones deportivas importantes se canta el himno nacional que todos escuchan de pie y en silencio, y el Presidente, sea republicano o demócrata, blanco o negro, lo es de todos los norteamericanos. Y todo ello ocurre con mucha mayor diversidad de la que nunca tendréis en España. ¿Y sabes cuál es el secreto? ¿No caes? Si hubieras leído con atención lo que ha dicho Rosell, sin duda lo sabrías…
            ―¿Sandro Rossell? Pero si hablaba de fútbol…
            ―No exactamente ―me replicó Ignatius―, de lo que hablaba el presidente del Barcelona es de dinero, de euros, de dólares… Podrá apoyar la autodeterminación de los pueblos por todo eso que tú decías, en este caso por la historia común catalana, por el idioma catalán común, por la religión nacionalista común y demás zarandajas, pero el Barsa seguirá jugando en la liga española. ¿Lo entiendes ahora? Es el dólar, imbécil (y no te ofendas por el parafraseado), lo que une a Estados Unidos y a más de trescientos millones de norteamericanos, y será el euro el que mantenga unida a España y a Europa, o no será.
            Entonces fue cuando cerré la Teoría General del Estado de Jellineck y me fui a merendar
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martes, 25 de septiembre de 2012

Independen$ia


(Artículo publicado el 25 de septiembre de 2012 en el diario La Opinión de Murcia)


Independen$ia. El independentismo de Artur Más tiene truco, la pela, pero pensar que la cuestión catalana es sólo económica es un error monumental, por no decir colosal. A mí esto me recuerda a aquella madrina a la que no veías nunca y que nunca se acordaba de tí excepto el día de tu santo. Entonces llegaba un espléndido regalo y la madrina-madrastra se transformaba en hada madrina. No es que hubiera cariño, no, pero su falta era compensada con dinero y ya lo saben ustedes, los duelos con pan son menos, o dicho en catalán independentista, Barcelona es bona si la bolsa sona. Pero el problema sigue ahí. Artur Más podrá conformarse o no con algún dinero que le dé Mariano Rajoy para sanear sus cuentas autonómicas, pero no por ello los catalanes se sienten más cerca de España. Durante años nos hemos creído la especie de que los catalanes no querían a España, que Pepito no quiere a su madrina, pero tal vez todo comenzara al revés y que España haya sido la madrastra de Cataluña. En cualquier caso, mal negocio.


            Esperanza y los Pimientos. Hubo un tiempo en que la fiesta principal y más representativa de todos los murcianos, o así lo pretendieron algunos, fue la de los Pimientos de Oro. Fue ésta una temeraria aunque plausible iniciativa de un conocido restaurante huertano para hacer venir a Murcia a alguien famoso o famosillo con la excusa de la entrega de un premio en forma de pimiento dorado. Como iniciativa privada no seré yo quien la critique. El problema llegó cuando el poder político rampante transformó el acto huertano en una especie de entrega oficiosa de los máximos galardones regionales. Tras Jaime Mayor y Federico Trillo, creo recordar, le tocó el turno a Esperanza Aguirre, por aquel entonces presidenta del Senado. Cuando llegó al salón con educada puntualidad la organización tuvo la feliz idea de abandonarla a su suerte para acudir en tropel a esperar la llegada del poder establecido. La recuerdo sola y de pie junto a la mesa vacía. Con profunda vergüenza me levanté de mi sitio en otra mesa, me acerqué a Esperanza y le brindé mi conversación hasta que muchos minutos después llegó el resto de invitados. Juré para mis adentros que nunca más volvería a pasar hambre y, en efecto, jamás volví a otra pimentonada.


            Diablo o conejo. Se trata de un juego infantil, o eso creo, que consiste en levantar la mano haciendo la señal de la victoria con los dedos índice y corazón. Si miras la mano con la palma hacia tí y los demás dedos plegados sobre ella la imagen se parece a un conejo con las dos orejas erguidas y su hocico arrugado. Si la contemplas al revés, esto es con la palma vuelta hacia fuera, la imagen se parece más a la de un pequeño diablo con sus cuernos. Eso es lo que me dice mi cuñado el sueco, haciendo girar varias veces la mano, cuando quiere referirse a algo ambiguo, que puede ser bueno o malo según se mire, como tomarse la cuarta cerveza: diablo, conejo, diablo, conejo… Eso es justamente lo que se me ocurrió hacer a mí cuando supe de la muerte de Santiago Carrillo, diablo, conejo, diablo, conejo…


            Manifestódromo. Mi aparentemente olvidado Ignatius, del que hablo poco, es cierto, pero al que sufro mucho, me dice que ya va siendo hora de transformar el paseo de Alfonso X el Sabio de Murcia, de tontódromo en manifestódromo. El otoño caliente ha comenzado calentísimo, con manifestaciones, caravanas de sindicalistas y cortes de calles a todas horas, y cabe pensar que esto irá a más pues así lo asegura la izquierda pretridentina.
―Convendrás conmigo ―me dice Ignatius―, en que es el sitio ideal para ello. Se trata de un circuito en redondo que permite que la manifestación dure eternamente, de modo que el cómputo de asistentes pueda satisfacer a los convocantes más exigentes, desde varios miles a varios millones de manifestantes según la duración de la manifestación. El bulevar del centro permite la colocación de casetas en las que pueden estar representadas todas las instituciones y administraciones públicas que quieran, la caseta de la Delegación del Gobierno, las distintas Consejería, el Ayuntamiento capitalino, la de la Iglesia Católica, y hasta el Real Murcia, ahora que es sociedad anónima y privada. En los laterales, unas magníficas tribunas permitirán al público disfrutar de la manifestación cómodamente sentados y merendar al paso de la pancarta de cabecera, además de ser una bonita fuente de ingresos para las arcas municipales. Otra ventaja es que todas la manifestaciones podrán acabar en las casetas instaladas al efecto por conocidas marcas de cerveza. La única cuestión espinosa es decidir si el sentido de la manifestación debe ser de izquierda a derecha, como las agujas del reloj, o de derecha a izquierda, lo que parece menos afortunado…

Y todos contentos.
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martes, 18 de septiembre de 2012

Sola, fané y descangayada




(Artículo publicado el 18 de septiembre de 2012 en el diario La Opinión de Murcia)



Quienes gustan del tango conocen sin duda estos términos integrados, junto con otros de origen gauchesco y criollo, en el “lunfardo” que es la jerga barriobajera que surgió en Buenos Aires en la segunda mitad del siglo diecinueve entre la inmigración básicamente española e italiana. Configurado inicialmente como argot delincuente, como lenguaje gremial que escribió Borges, pronto se incorporó al habla coloquial de las clases rioplatenses más humildes. “Fané” significa ajada, descolorida, estropeada, marchita, venida a menos, mientras que “descangayada” o descangallada, que es palabra española procedente del gallego y del portugués, significa literalmente descoyuntada y también maltrecha, malherida, desvencijada. El tango de Enrique Santos Discépolo que lleva por título “Esta noche me emborracho” añadía en su primera estrofa “sola”, que no necesita aclaración alguna, para referirse a una mujer de la vida que se encuentra al final de su carrera y a la que el cantor amó una vez:

Sola, fané y descangayada
La vi esta madrugada salir del cabaret.
Flaca, dos cuartas de cogote
Y una percha por escote bajo la nuez.

Chueca, vestida de pebeta,
Teñida y coqueteando su desnudez
Parecía un gallo desplumao
Mostrando al compadrear su cuero picoteao.
Yo qué sé, cuando no aguanto más,
Al verla así rajé pa no llorar

            Así está España, sola, fané y descangayada. No es solo la economía, imbécil, que le diría el asesor electoral al presidente Bush, es también todo lo demás.
En estos últimos años, leemos, ha aumentado en España la población “ni-ni”, que son aquellos jóvenes que ni estudian, ni trabajan. Me pregunto qué futuro les aguarda en este mundo altamente competitivo y especializado que les entregaremos en herencia envenenada.
Los sindicatos, aunque tal vez vaya siendo hora de hablar ya del sindicato único, piden en la calle un referéndum sobre los recortes, o dicho de otra manera “al pijo con la democracia representativa” o “las Cortes Españolas nos importan un hormigo”. En Murcia, cada jueves, los sindicatos colapsan la ciudad aprovechando que hay mercado. Miles de vehículos quedan bloqueados, miles de personas se ven atrapadas en los embotellamientos y mientras tanto el artículo 9.1 de la Ley de Tráfico, el que dice aquello de que los usuarios de la vía pública “están obligados a comportarse de forma que no entorpezcan indebidamente la circulación, ni causen peligro, perjuicios o molestias innecesarias a las personas, o daños a los bienes”, mientras tanto, digo, el artículo duerme el sueño de los justos, o dicho en lunfardo “se apoliya”.
Catalunya sueña con ser estado independiente “porque es más que un club” que incluya, cómo no, a los Països Catalans, es decir, desde el Roselló, capital Perpinyá, hasta nuestra vecinica Oriola del Senyor, pasando por Andorra, las Illes Balears y L’Alguer en la Cerdenya. Euskal Herria también sueña, pero con tintes de pesadilla en forma de republika sozialista, ese modelo de libertades.
Los vecinos de abajo se enrocan en la isla de Tierra y nuevamente en Perejil, con la vista puesta en el Peñón de Vélez de la Gomera, en el de Alhucemas, en las Chafarinas, en Ceuta, en Melilla y en las Islas Canarias ¿Qué no? A que sí…
Mientras todo esto ocurre, la España cañí se divide entre los que creen que tocarse los hormigos es pecado y los que no, entre los que opinan que el Ecce Homo paquirrinesco ha mejorado tras la restauración perpetrada por doña Cecilia y los que no, entre los que opinan que la Obra Social de alguna caja arruinada debe morir con las botas puestas organizando una exposición monográfica de doña Cecilia y los que no, entre los que opinan que la creación de la cátedra de Cristóbal Gabarrón es un disparate y los que piensan que es un dislate, entre los que opinan que el problema del Madrid es la tristeza de Cristiano y los que creen que es el cabreo de Mou
Y entretanto el tango finaliza en cruel lunfardo:

Fiera venganza la del tiempo
Que le hace ver desecho lo que uno amó
Este encuentro me ha hecho tanto mal
Que si lo pienso más termino envenenao,
Y esta noche me emborracho bien,
Me mamo bien mamao pa no pensar.

            Pues eso.
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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Un editorial colosal




(Artículo publicado el 11 de septiembre de 2012 en el diario La Opinión de Murcia)


Nuestro querido Presidente, Mariano Rajoy, cuando quiere magnificar algo hasta el infinito, hasta lo impensable, emplea un adjetivo un tanto antiguo que no se suele oír con mucha frecuencia: colosal. Recuerdo una ocasión en que Rajoy visitaba Murcia siendo Ministro de Administraciones Públicas. Alguien le preguntó en el Paraninfo de la Universidad de Murcia si creía posible que Cartagena se convirtiera por fin en provincia. Mariano, mirándole con esa mirada de susto ligeramente estrábica le contestó “Hombre, si hay para ello una razón colosal…” Pues bien, colosal es el adjetivo que merece el editorial de este periódico publicado el domingo pasado que llevaba por título “Una puerta a la esperanza”. Sencillamente colosal. No sé muy bien quien escribe los editoriales en La Opinión, tal vez sea yo mismo aunque eso sería sin mi permiso y aún sin mi conocimiento e, incluso así, yo no habría sido capaz de escribir una receta para salir de la crisis tan clara y tan rotunda como lo hizo el editorialista dominical. No, no fui yo, aunque creo saber quien lo hizo, sea ángel o paloma.
MI lector malasombra, a quien aprovecho para saludar a la vuelta del verano y al que, tal vez por eso, veo más negro que un zapato, acaba de dar un brinco en su asiento. “Claro, qué va a decir Megías si es colaborador habitual de este periódico, si será pelota…”. Pues sí, querido y añorado lector malasombra, soy colaborador habitual de este periódico, lo hago gratuitamente porque me gusta y porque aún recuerdo agradecido que con mis primeros artículos publicados me pude pagar el ordenador portátil  y, además, porque me complace ser un pelotillero colosal de sus editoriales cuando éstos también lo son.
El editorial ha dado en el clavo. Es exactamente eso: el Camino de Baldosas Amarillas. La fórmula del “rescate preventivo” de Merkel-Draghi puede ser la cuadratura del círculo, el mecanismo que satisfaga a la Europa del Centro y del Norte y a la Europa Periférica del Sur, a la que hizo sus deberes hace una década y a la que aún no los había comenzado hace tan sólo un par de años, pero la verdadera cuestión radica en que hacer hoy los deberes de hace años es mucho más difícil que entonces. Ya no podemos devaluar nuestra moneda para ganar en competitividad en los mercados, ni directa ni indirectamente, como no sea por la vía del sacrificio individual y colectivo, por el Camino de Baldosas Amarillas. “Una devaluación significa, lisa y llanamente, un empobrecimiento al bajar precios y salarios”, decía el editorial del domingo. Lo que España necesita, afirmaba el editorial, “es un pacto de rentas por el que todos sin distinción, y cada cual en su medida, arrimemos el hombro para invertir la tendencia. Los partidos deberían tomar la iniciativa. Gobierne quien gobierne aplicará parecidas recetas (…) Necesitamos reanimar la conciencia cívica, recuperar cualidades como la honradez,  el mérito, la ejemplaridad, la rectitud o el compromiso, repartir con justicia la carga para mantener la cohesión social y desterrar a los pícaros y a los mediocres”. Las cursivas son mías.
Dicho de otra manera.
Hace falta que los partidos políticos representen los intereses de los ciudadanos y no los intereses de los políticos y es necesario que arrimen el hombro empezando por ellos mismos. Se me ocurre cómo hacerlo: reduciendo a un tercio del número de puestos políticos de gobernantes, de parlamentarios y de concejales (también en la Región de Murcia, también en ella); suprimiendo los privilegios de la clase política, todos los privilegios salvo los constitucionales, incluidas las pensiones vitalicias y las indemnizaciones millonarias (también en la Región de Murcia); sustituyendo la retribución por la indemnización, es decir los sueldos por las dietas indemnizatorias; y finalmente  limitando sus retribuciones a una sola retribución pública en una cuantía total delimitada en la Ley (también en la Región de Murcia, también).
Que el sacrificio sea de todos, también en la Región de Murcia, lo que incluye a los políticos, a los sindicalistas y a los empleados privados y, muy especialmente, a los directivos y empleados de banca, y no solo de unos pocos, pues hasta ahora el sacrificio le ha sido exigido casi exclusivamente a los parados, a los empleados públicos y, de manera singularmente dura, a los funcionarios, como es bien sabido también en la Región de Murcia.
Recuperar los valores que constituyen el alma de la sociedad, su espíritu y su fortaleza, llámenles cualidades si lo prefieren, como la honradez,  el mérito, la ejemplaridad, la rectitud y el compromiso. Ser el más fresco del barrio no debería ser un mérito para ejercer el liderazgo y, sin embargo, los más pillos, los más frescos y los que mienten con más desparpajo  llegan sin duda más lejos (también en la Región de Murcia, también aquí).
Repartir las cargas con equidad. Cuando escribo esto siento vergüenza y rabia porque hoy, después de nosecuántas constituciones que han proclamado este principio, de nosequintas leyes que se inspiran en él y de varios decenios de vida en democracia, después de todo,  aún tengamos que exigir que el reparto equitativo de las cargas sea un hecho y no una quimera… también en la Región de Murcia, también en nuestra Región.
Desterrar a los pícaros y a los mediocres… Por ejemplo con la reforma de las leyes electorales para establecer el sistema de listas abiertas. Tachar al pícaro y al mediocre dejaría de ser un sueño. También en la Región de Murcia.
Como te decía, querido lector malasombra, un editorial colosal.
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martes, 4 de septiembre de 2012

Aquellos locos veranos


Ecce Homer (con perdón)



(Artículo publicado el 4 de septiembre de 2012 en el diario La Opinión de Murcia)



Por extraño que parezca Murcia nos ha recibido a la vuelta de vacaciones con los brazos abiertos en forma de una temperatura refrescante, lo que nos ha permitido burlarnos de los calores pasados con manifiesta temeridad porque a la vuelta de la esquina nos esperan de nuevo los sudores y las calorinas del falso otoño murciano. Mi mujer, que a diferencia de mí se equivoca muy poco, le lleva la cuenta al calor y afirma que el fresco otoñal no llegará hasta pasado el cumpleaños de la Pepa allá por el 19 de noviembre. De manera que no se me apuren en guardar la ropa de verano ni en recuperar de la naftalina las galas de invierno.
Además del verano del Ecce Homo (por cierto, les obsequio con este magnífico Ecce Homer que ilustra el artículo y que me ha mandado un amigo, para que lo recorten y lo cuelguen en el salón de su casa), éste ha sido sin duda el verano de la crisis. Las vacaciones, para quien haya tenido la fortuna de disfrutar de ellas, han sido por regla general más cortas y de familia, los desplazamientos más locales y los clásicos excesos veraniegos han quedado reducidos a la cervecita en casa y al vino con gaseosa, a las aceitunas rellenas y a la bolsa de patatas fritas. De chiringuitos y bares, lo justillo, y de restaurantes, poco o nada, que han quedado como hace años en manos de los bárbaros del norte. Con la crisis, y para desgracia del comercio nacional, hemos gastado muy poco en ropa de temporada, de manera que hemos combinado el bañador del año pasado con el de hace tres años y nos hemos decidido a rescatar del fondo del armario el pantalón mil rayas y aquel vestidito camisero de lunares para dar la sensación de estrenar algo. Moda retro, la llaman. España ha vuelto a los veranos de botijo y abanico, de solanera ardiente animada por el rumor de las chicharras y de noches envueltas en el calor agobiante y en el canto ácido de los grillos. Los ventiladores, impotentes, y el aire acondicionado apagado para ahorrar.
Sin embargo hemos sobrevivido a ello y, además, el resultado no ha sido tan ingrato. Tal vez haya quien eche de menos los veranos de los años inmediatamente anteriores a la crisis, aquellos en los que se gastaba cada día casi lo mismo que no hemos podido gastar este verano en todas las vacaciones, pero también hay quien no ha echado nada en falta, entre otras cosas porque todo aquello era prescindible. Antes bien, han redescubierto aquellos locos veranos de antes de la euforia en los que se veraneaba con muy poco. Yo recuerdo haber visto algún alcalde de Murcia tomando el fresco sentado en una mecedora plegable de lona y madera en la puerta de una sencilla casa alquilada en una playa cercana. Y me contaban de otro que también fue alcalde de Murcia que sus mañanas de verano las pasaba de visita en la carnicería de un amigo en el pueblo, sentados ambos dentro de la cámara frigorífica y abrigados con la chaquetilla del pijama para no coger demasiado frío, con un vaso de tinto y echando mano de vez en cuando a las ristras de salchichas y morcillas que se secaban al frío. Eran los años del verano azul, de las vacaciones de familia y en familia, en que los rigores de la canícula los combatían los poderosos y los humildes y los ricos  y los pobres (los medianamente ricos y los medianamente pobres, se entiende) de igual manera, esto es, sentándose al tomar el fresco con el botijo a mano, fuera en el lugar habitual de residencia o en otro sitio, fuera en algún pueblo de la playa, del campo o de la huerta, o en la ciudad. El tiempo de ocio se mataba entonces como se ha matado mayoritariamente este año, con las fichas de dominó, con una cervecita y con largos y gratuitos paseos con la parienta o con el pariente, según se mire.
Releyendo lo que he escrito hasta yo mismo podría haber llegado a pensar que la crisis ha tenido el efecto bondadoso de alejarnos del espejismo, pero no es así. Abro los ojos y ya no veo a ningún político poderoso sentado en una vieja mecedora de lona tomando el fresco en la puerta de su casita de veraneo alquilada o pasando sus mañanas de vacaciones sentado en mangas de camisa en la cámara frigorífica del amigo carnicero con un chato de vino en la mano. Abro los ojos y ya no veo aquellos locos veranos de botijo y abanico para casi todos, aunque sí vea los pantalones mil rayas y los vestiditos camiseros de tirantes y lunares rescatados del armario y los mismos bañadores que el año pasado. Abro los ojos y veo a los políticos y a los poderosos de hoy lejos, muy lejos de la crisis y de aquellos locos veranos.
Abro los ojos y tengo la tentación de volver a cerrarlos.
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martes, 31 de julio de 2012

Más madera



(Artículo publicado el 31 de julio de 2012 en el diario La Opinión de Murcia)


Tengo la certeza de que mi artículo de la semana pasada titulado “Paren que me bajo” fue del gusto de muchos y del disgusto de unos pocos. Podría haber sido al revés pero me da la impresión de que son muchos más los que están indignados con el comportamiento de nuestros dirigentes, a diestra y a siniestra, que los que les hacen la ola. Con esto no quito un ápice de mérito, y de eficacia, a muchas decisiones impopulares que ha adoptado valientemente el Gobierno de España, aún a sabiendas de la sangría de votos que ello supone. A diferencia del gobierno que presidió aquel supervisor de nubes metido a fontanero, que se empeñó en negar la crisis y la deprimente realidad económica hasta después de muerto, el gobierno de Mariano Rajoy no solo no ha negado la cruda realidad sino que ha tenido que envainársela, la espada del programa electoral, se entiende, al tener que adoptar muchas medidas de restricción que no solo no estaban en su programa electoral sino que, en muchas ocasiones, lo contradecían abiertamente. Mientras tanto, la izquierda, fiel a sus principios y con arreglo a los ensayos generales que puso en práctica con los perroflautas, ha sacado a la gente a la calle y la va a seguir sacando en un ejercicio colosal de cinismo político.
No, no estoy a gusto con las medidas que ha adoptado el Gobierno, no puedo estarlo si echo un vistazo a mi economía maltrecha de funcionario, pero lo estoy aún menos con las medidas que todavía no ha adoptado. La semana pasada les citaba unas cuantas, incluida la reforma urgente y celérica de la Constitución Española para suprimir ciertas instituciones cuya existencia podría ser calificada de poco eficiente cuando no de superflua, así como la limitación o la eliminación sin más de algunos derechos y prebendas que hoy más que nunca se ven como privilegios injustificados. Pero, y esto es lo que realmente me indigna, hay muchas más medidas que debieran haber sido adoptadas y no lo han sido, tal vez porque los responsables de hacerlo sepan algo que yo no sé, tal vez porque no sepan lo que yo sé, o tal vez porque aún sabiéndolo ambos yo no haya tenido los redaños de decirlo antes ni ellos los arrestos de hacerlo sin que alguien se lo reclame.
Por ejemplo. Si la crisis económica es en origen una crisis financiera que ha obligado a destinar enormes cantidades de recursos públicos para evitar el colapso del sistema financiero y bancario, no tiene mucho sentido que únicamente sean los empleados del sector público quienes soporten los recortes salariales y de derechos. Se me ocurre que tales medidas debieran ser aplicadas por igual a todos los empleados del sector privado, y muy especialmente a los empleados del sistema financiero y bancario, quienes, que yo sepa, no han visto en su conjunto disminuidas sus nóminas, ni reducidas a una sus pagas extraordinarias, ni han dejado de jubilarse anticipadamente, a los cincuenta y muy pocos años, con el cien por cien de la paga y una bonita indemnización. Y qué decir de los directivos bancarios y financieros. Éste es justamente el dinero que el Estado, es decir, ellos y nosotros, debiera haberse ahorrado en sus aportaciones para sanear el sistema bancario. A lo mejor con ese dinero en caja el Gobierno no hubiera tenido que recortar gastos en servicios públicos.
Otro ejemplo. La Corona no puede hacer mofa de los españoles que han visto recortados sus sueldos mileuristas, exhibiendo una rebaja del siete o del diez por ciento de sus sueldos de centenares de miles de euros al año. Son las Cortes Generales, es decir, los partidos políticos, quienes tienen que fijar quiénes son los miembros de la Casa Real que tienen derecho a percibir emolumentos del Estado y cuáles son las cantidades máximas que han de percibir los miembros de la Casa Real en estos tiempos de especial dificultad para todos los españoles. Casi dos millones de familias españolas tienen a todos sus miembros en paro y casi un tercio de la población de la Región de Murcia está en el umbral de la pobreza. No es eso, Majestad, no es eso.
Y otro. Debe ser una Ley votada por los respectivos Parlamentos, incluido el nacional, la que imponga las restricciones retributivas de los cargos políticos y las restricciones a los propios partidos políticos, al objeto de evitarnos el bochornoso espectáculo al que estamos asistiendo perplejos e indignados: unos Ayuntamientos que “estudian la posibilidad” de que sus concejales renuncien a la paga extraordinaria de Navidad y otros que simplemente ni se lo plantean; cargos públicos que cobran por conceptos que resultan difícilmente justificados en los tiempos que corren; políticos que simultanean varias percepciones económicas públicas, sean sueldos, dietas u otras formas de retribución; representantes del pueblo famélico que no renuncian a sus planes de pensiones ni a las prebendas de los tiempos de vacas gordas.
Y como se me acaba el tiempo y el espacio, me callo y me voy con el mes de julio. Hasta luego.
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martes, 24 de julio de 2012

Paren que me bajo



(Artículo publicado el 24 de julio de 2012 en el diario La Opinion de Murcia)



            No, no fui a la manifestación del jueves pasado y no porque no esté jodido con los recortes del Gobierno, sino porque al frente de esa manifestación, encabezando la marcha, bien agarrados a la pancarta y evitando lucir el peluco de oro, iban algunos de los culpables de la mayor crisis económica y social de la reciente historia de España.
             No, no utilizarán mi presencia en una manifestación para hacer el caldo gordo a los frescos del barrio y para que sigan agarrados a los sueldos sindicales o políticos que no se ven alterados por recorte alguno.
            No, no hago bulto con los que estuvieron durante años dando la espalda a la que se nos venía encima, los mismos que, en tanto cobraban sus cuantiosas subvenciones para pitos y flautas o las pagaban igualmente para flautas y pitos, aplaudían a rabiar al mandamás de turno, fuera el de la ceja o el barón regional rampante.
            No, no me dio la gana de cabrearme colectivamente cuando ya lo estoy de forma individual, porque no hay día en que no me acuerde de que he perdido más de un veinte por ciento de poder adquisitivo en los últimos cuatro años a pesar de que todos los precios han bajado y siguen bajando, y de que mientras que yo cobro cada día menos por mi trabajo hay quienes cobran cada día más por el suyo.
No, no me siento representado por quienes insisten en proclamarse mis representantes sin haberme preguntado jamás si los acepto como tales.
No, no me sale de la válvula pilórica salir a pasear por las calles de Murcia, ni de ningún otro sitio, del brazo de quienes ahora reivindican todo lo reivindicable excepto aquello que deberían reivindicar, a saber:
            La inmediata derogación de las leyes que regulan la condición y los privilegios de los expresidentes del Gobierno, sueldos, despachos, coches y secretarias incluidas, así como su condición de Consejeros vitalicios del Consejo de Estado, pues son los responsables últimos de la situación actual que padece España.
Como consecuencia de lo anterior, el cese fulminante como Consejero del Consejo de Estado de José Luis Rodríguez Zapatero, el peor presidente de la historia y el único que ha hecho uso del privilegio, así como la depuración de sus responsabilidades como administrador de los intereses generales de España.
La supresión inmediata de todos las subvenciones públicas a los partidos políticos, a los sindicatos y a las organizaciones empresariales, así como al resto de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales (o sea, al ciento y la madre) cuyos cargos directivos perciben sueldo o remuneración alguna por su dedicación.
La limitación por Ley de las retribuciones de los cargos políticos, que no podrán exceder por todos los conceptos de un múltiplo determinado del salario mínimo interprofesional, que en España, recordemos, está situado entre los más bajos de Europa.  
La limitación mediante Ley de los sueldos de los cargos directivos de todas las empresas que perciben ayudas públicas.
La reforma inmediata de la Constitución Española (recordemos que el artículo 135 fue modificado hace un año en un tiempo récord, sin referéndum y sin miramiento alguno, para acoger los compromisos de estabilidad presupuestaria) para hacer posible la suspensión temporal o la supresión definitiva del Senado o su transformación inmediata en Cámara de representación territorial, la supresión definitiva de las Diputaciones Provinciales, la eliminación de dos tercios de los municipios españoles y  la supresión sin paliativos de las instituciones autonómicas que reproduzcan las estatales preexistentes, tales como el Defensor del Pueblo, el Consejo de Estado y el Tribunal de Cuentas.
Previa la inmediata reforma de la Constitución, la reducción en dos tercios de todos los cargos políticos de representación popular, tales como Diputados del Congreso, Diputados Regionales y Concejales, y la configuración como cargos gratuitos de todos los puestos de Alcaldes, Concejales y Diputados Regionales que resten, con las excepciones que expresamente determinen las leyes.
La reforma inmediata de la legislación electoral para que las listas sean abiertas, para que haya democracia real en el seno de los partidos políticos y para que se excluya del Parlamento nacional a los partidos políticos que no alcancen un mínimo del cinco por ciento de representación en todas las circunscripciones electorales.
Y un montón de cosas más, empezando por la Corona y terminando por los perroflautas.
Cuando todo esto esté en la pancarta de la manifestación, me verán en ella. Antes, no.
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