(Artículo publicado el 8 de enero de 2013 en el diario La Opionión de Murcia)
Siempre me ha
cautivado el personaje de Sir John Falstaff, hasta el punto de que hubo un
tiempo en que me parecí bastante a él. Reconozco incluso que lo he buscado
repetidamente tanto en mis amigos de juventud, cuanto en mis devaneos con la
política, si bien únicamente lo hallé en pura esencia entre los primeros. En la
política he encontrado a Falstaff, sí, pero solo en su parte menos decorosa.
Falstaff, uno de
los personajes más célebres de Shakespeare,
fue creado para la obra Enrique IV, en cuyas dos partes aparecería. Encarna al
asesor del príncipe Hal, y es un caballero gordo, borracho y fanfarrón, amante
del vino añejo de Canarias, que acabó por convertirse en el personaje cómico
por excelencia de la obra. Tuvo tanto éxito que Shakespeare lo utilizó de nuevo
en Las alegres comadres de Windsor e incluso en otra tragedia histórica,
Enrique V, en la que aparece como
personaje referido al narrarse su muerte. Falstaff es torpe y algo cobarde,
vanidoso, mentiroso y libertino, y el propio Falstaff se define a sí mismo y a
sus compañeros de juerga como “escuderos del cuerpo de la noche” y “caballeros
de la sombra, favoritos de la luna”. Falstaff posee ciertamente un lado oscuro,
pero hay algo más en él que cautiva desde el primer momento y que lo convierte
en un icono. Falstaff es, aún a pesar de sus actos de moral discutible, vividor
y vitalista, reconoce sin complejos su pasión por la vida y trata de vivirla
hasta el límite. Falstaff es, con todos sus defectos, la encarnación de la
propia humanidad. Convertido en un icono, Falstaff inspiró personajes de otras
obras literarias y musicales, entre las que destacan la ópera de Salieri y, sobre todo, la de Verdi:
"Che e dunque l'onore? Una parola"
("¿Qué es, pues, el honor? Una palabra"), exclama Falstaff en el
primer acto, cuando no tiene dinero para pagar las copas y urde un engaño. "Tutto nel mondo e burla"
("Todo es burla en el mundo") es el final alegrísimo de la ópera de
Verdi.
De la aguda
inteligencia de Falstaff, muy chestertoniana por cierto, les brindo este
apunte. En Las alegres comadres de
Windsor, cuando el juez rural Shallow acusa a Falstaff: “Caballero, habéis
golpeado a mi gente, matado a mi ciervo y allanado mi domicilio”, nada más y
nada menos, y le avisa de que “el Consejo entenderá de eso”, Falstaff le
responde lo siguiente: “Mejor sería para vos que el Consejo no entendiera de
nada. Se reirían de vos.”
En La vida del Rey Enrique V, cuando hablan
de la muerte de Falstaff, su viejo compadre Bardolfo exclamaba: “¡Ojalá
estuviera yo con él, dondequiera que esté, sea en el cielo o en el infierno!”,
a lo que la Hostelera respondió: “No; de seguro que no está en el infierno;
está en el seno de Arturo si algún hombre ha ido alguna vez al seno de Arturo.
Ha tenido un fin hermoso, y partió como hubiese partido un niño recién
bautizado.”
Que por qué les
hablo de Falstaff, me inquiere mi lector malasombra, a quien el año nuevo no le
ha restado un punto de ese aire de borde serrano que tiene, pues les digo. Les
comentaba en mi último artículo que las
Navidades que tanto me gustan tienen también su punto amargo. El de este año ha
sido doblemente amargo, pues el día de Año Nuevo se ha muerto mi amigo de
juventud Pepe Mompeán. En Pepe
también busqué a Falstaff, pero en él solo encontré, además de su inteligencia
aguda, la parte buena del orondo vitalista y una enorme, gigantesca y
abrumadora cantidad de amistad.
Como Bardolfo
digo que ¡Ojalá estuviera yo con él, dondequiera que esté, sea en el cielo o en
el infierno!, y como la Hostelera me respondo que de seguro que no está en el
infierno, sino en el regazo de Jesús, allá donde van los que parten como
hubiese partido un niño recién bautizado.
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2 comentarios:
Señor Megías muchas gracias por su blog acerca de mi tío Pepe, la verdad es que nos ha enorgullecido que alguien como usted que compartió los mejores años de su vida,tenga un recuerdo de él por lo que fue y por lo que nunca quiso ser, desde aquí quiero agradecerle su tiempo por recordarle y que Dios le bendiga.
Un saludo
Chiqui
Muchas gracias, Chiqui, por tus palabras. Si no recuerdo mal eres hijo de Pedro, aunque lo que sí recuerdo muy bien era cuánto quería Pepe a sus sobrinos, especialmente a tí. Ha sido un gran amigo y lo echaré mucho de menos, pero tengo el enorme consuelo de la esperanza cristiana en el reencuentro allí donde él está, en companía de Dios y de las buenas gentes que marcharon antes que Pepe. Un abrazo a toda la familia Mompeán .
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