martes, 30 de marzo de 2010

Sanos consejos

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(Artículo publicado el 30 de marzo de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)






Estamos en plena ebullición primaveral y ésto, en Murcia, significa quince días de frenesí hipercalórico. Me refiero, cómo no, a la Semana Santa y a la Semana de Fiestas de Primavera, dos semanas que, como todos ustedes saben, suman diecisiete días. Empezamos con caramelos y seguimos con monas con huevo, bocadillicos, bacalao y habas y, como-éramos-pocos-y-parió-la-abuela, hasta con bula eclesiástica para el consumo de pasteles de carne en Cuaresma. Luego, el mismo Domingo de Resurrección, que no hay que perder un minuto, más bacalao con habas y más pastelicos de carne, morcones variopintos, morcillas, salchicha y longaniza, bonito y tomatico partío con olivicas de cieza, cervecica de la Estrella y vino peleón. Ná, un festival colesterólico.



Lo malo que tiene todo esto es que la Conjura de lo Políticamente Sano y Correcto nos viene bombardeando desde hace semanas a través de la caja tonta con lo de las dietas sanas y equilibradas, especialmente diseñadas para conseguir en trece o catorce días un cuerpo como el de George Clooney, para ellos, o el de Gisele Bündchen, para ellas, eso sí, reforzando la dieta rigurosa, hecha a base de hojas de colinabo y semillas de alpiste, con un milagroso (y carísimo) complejo de extractos de todo aquello que no nos gustaba de pequeños. De este modo, vivir y beber en Murcia (en frase que tomo prestada) en estas fechas se convierte en una suerte de remordimiento permanente, preñado de culpas y complejos de tragaldabas. Por eso, para no caer en la más negra de las depresiones, merece la pena leer la presunta entrevista que le hicieron a un presunto médico brasileño de Porto Alegre y que alguien, que muy bien pudiera ser mi dilecto y glotón Ignatius o el mismísimo Chesterton, me ha enviado por email. Como dicen en Italia, se non è vero, è ben trovatto.





Los ejercicios cardiovasculares prolongan la vida. ¿Es verdad?: El corazón está hecho para latir una cantidad de veces determinadas. No desperdicie esos latidos en ejercicios. Su período de vida se gastará, independientemente de su uso. Acelerar su corazón no va a hacer que usted viva más. Eso es como decir que usted puede prolongar la vida de su coche conduciendo más deprisa. ¿Quiere vivir más?. Échese la siesta.



¿Debo dejar de comer carnes rojas y comer más frutas y vegetales?: Se necesita entender la logística de la eficiencia en alimentación. ¿Qué comen las vacas?. Hierba y maíz. ¿Qué es eso?. Vegetales. Entonces un filete es el mecanismo más eficaz de colocar vegetales en su sistema. ¿Necesita comer cereales?. Pues coma pollo.



¿Debo reducir el consumo de alcohol?: De ninguna manera. El vino está hecho de fruta. El brandy es un vino destilado, lo que significa que se elimina el agua de la fruta de modo que usted saque mayor provecho de ella. La cerveza también está hecha de cereales. No limite demasiado su consumo.



¿Cuáles son las ventajas de un programa regular de ejercicios?: Mi filosofía es: si no tiene dolor, no haga nada. Está usted bien.



¿Los fritos son perjudiciales?: Hoy en día la comida se fríe en aceite vegetal. La verdad es que quedan impregnadas de aceite vegetal. ¿Cómo puede ser que más vegetales añadidos sean perjudiciales para usted?



La gimnasia ayuda a reducir la obesidad?: Absolutamente no. Ejercitar un músculo lo único que hace es aumentar el tamaño del músculo.



¿El chocolate hace daño?: Es cacao. Otro vegetal. Es un alimento bueno para ser feliz. La vida no debe ser un viaje para la tumba, con la intención de llegar sano y salvo, con un cuerpo atractivo y bien preservado. Lo mejor es emprender el camino, con una cerveza en la mano y un bocadillo en la otra. El mejor final es haber tenido mucho sexo y un cuerpo completamente gastado, totalmente usado, y poder gritar: mereció la pena, qué viaje tan extraordinario...



¿Algún consejo más que nos pueda dar?: Si andar mucho fuera saludable, los carteros serían inmortales. Las ballenas se pasan nadando todo el día, sólo comen pescado y sólo beben agua. Sin embargo están gordas. Las liebres corren, saltan y no paran, pero no pasan de 15 años de vida. La tortugas no corren y no hacen nada, pero viven 450 años.





El doctor Grande Covián (éste sí que era médico y especialista en nutrición) decía que hay que ser moderados hasta con la moderación. De manera que en estas fiestas “no se me adelanten, pero tampoco se me atrasen”, que decía Cantinflas a la hora de pagar. Que aproveche.



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martes, 23 de marzo de 2010

Lo escribió Chesterton

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(Artículo publicado el 23 de marzo de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)



Sigue molestando a los de siempre que alguien escriba y aún que opine favorablemente de la Iglesia Católica. Si además ese alguien que escribe o que opina se proclama católico, es decir, que habla de lo que siente y escribe de lo que piensa, entonces la cuestión se transforma en una especie de guerra santa. Y si escribe además que los católicos defienden la vida desde su concepción, que rechazan por tanto la liberalización del aborto y que matar a un ser humano indefenso (que eso es más o menos la alevosía) es un asesinato, entonces algún conjurado de lo Políticamente Correcto se siente compelido a echar mano del kalashnikov y cargar contra las filas reaccionarias, como en los viejos tiempos. Precisamente es de esos viejos tiempos de lo que quiero escribir hoy.

En un  libro que reune varios ensayos de Chesterton bajo el título Por qué soy católico, he encontrado un sugerente artículo que escribió el ilustre y gordo pensador a propósito de los sucesos acaecidos en España entre las elecciones de 1933 y la fracasada revolución socialista de octubre de 1934. El artículo se titulaba El caso de España. Nadie en su sano juicio podrá afirmar que Chesterton no haya sido uno de los más audaces e inteligentes defensores de la libertad y de la democracia, con la misma audacia y con la misma inteligencia, por cierto, con la que defendió la religión católica, lo que en el caso de España vino a ser una misma cosa. Se trata del testimonio de un hombre libre antes que de un liberal, y de un católico revolucionario antes que de un conservador escéptico. De aquellos sucesos Chesterton escribió lo siguiente:

En una elección totalmente pacífica y legal, como cualquier elección inglesa, una vasta mayoría votó en distintos grados a favor de las verdades tradicionales, que habían sido las ideas normales en la nación durante más de mil años. España habló, si se puede decir que las elecciones hablan, y se declaró en contra del comunismo y del ateísmo, en contra de la negación que ha asolado la normalidad de nuestro tiempo. Nadie pudo decir que esta mayoría había sido alcanzada por la violencia militar, porque nadie pretendió que una minoría armada se impusiera sobre el Estado. Si la teoría liberal de las mayorías parlamentarias era justa, el resultado era justo (…) Pero entonces los socialistas saltaron e hicieron exactamente aquello por lo cual se condenaba al fascismo. Usaron bombas, cañones y violencia para impedir que se cumpliera la voluntad del pueblo o, al menos, la del Parlamento. Habiendo perdido con las reglas de juego de la democracia, trataron de ganar usando las reglas de la guerra, en este caso la guerra civil. Intentaron derrocar al Parlamento mediante un golpe de estado militar”.

La reacción del liberalismo político británico supuso una amarga decepción para Chesterton. “Imaginen ustedes cuál fue mi asombro cuando vi que los liberales se lamentaban del infortunado fracaso de esos socialistoides fascistas en su intento de revertir el resultado de unas eleciones generales (…) La única conclusión es que el liberalismo sólo se opone a los militares cuando son fascistas y aprueba enteramente a los fascistas mientras sean socialistas”.

No es de extrañar que, ante ello, Chesterton sentenciara que en el mundo moderno “no hay fascistas, no hay socialistas, no hay liberales, no hay parlamentaristas. Existe una única institución suprema, inspiradora y a la vez irritante en el mudo. Y ellos son sus enemigos. Están preparados para defender la violencia u oponerse a la violencia, para luchar por la libertad o contra la libertad, por la representación o contra la representación. Y hasta por la paz o contra la paz. Este caso me dio una certeza enteramente nueva, incluso en el sentido político práctico: mi elección había sido buena”.

Chesterton había elegido ser católico.


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martes, 16 de marzo de 2010

No matarás

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(Artículo publicado el 16 de marzo de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)



Ya sé que no es políticamente correcto escribir acerca de la reforma de la ley del aborto ahora que nos acercamos a la Semana Santa y que muchos de los que apoyan la ley, y aquellos a los que les da lo mismo, se disponen a planchar sus túnicas nazarenas y a llenarlas de caramelos, como si aquí no pasara nada o la cosa no fuera con ellos. Pues sí que pasa, sí, y claro que la cosa va con ellos, de manera que menos caramelos y más testimonio.


Se ha escrito mucho sobre este tema del aborto, se han formulado muchas opiniones y alzado muchas voces. Una de las más insensatas fue la de Bibiana Aido, superflua Ministra de Igualdad del gobierno de Zapatero y promotora de la ley, cuando dijo hace unos meses que "para mí un feto —de trece semanas— es un ser vivo, claro, pero no podemos hablar de ser humano porque no tiene ninguna base científica". Frase, por cierto, muy parecida a la que se atribuye a Adolf Hitler: “Es indudable que los judíos son una raza, pero no son humanos”. No he encontrado una sola referencia bibliográfica de esta frase exacta, pero les aseguro que Hitler dijo cosas mucho peores de los judios. Y, además, las hizo.


Tal vez por ello, ha habido quien ha comparado esta medida, la práctica liberalización del aborto en España, con las medidas nazis en materia de higiene racial y de eutanasia. Sin embargo, el régimen asesino de Hitler no incluyó expresamente el aborto entre sus muchas culpas, tal vez porque respecto de las mujeres alemanas, lo que interesaba era precisamente lo contrario, el crecimiento y la multiplicación de la llamada “raza superior” (lebensborn), mientras que respecto de las demás razas, las formadas por infrahumanos o untermenschen, el aborto se mostraba irrelevante ante la determinación explícita de su exterminio.


Hannah Arendt, en el prólogo a la tercera parte de Los Orígenes del Totalitarismo, recoge la expresión “delincuente sin delito”, tomada de la apelación formulada en un juicio de depuración en la Rusia de Stalin por un "elemento extraño a la clase", uno de los muchos millones de personas que fueron asesinados sin más culpa que la de ser “enemigos objetivos” de la clase obrera, dicho sea en lenguaje bolchevique. Un delincuente, no ya “no culpable”, ni tan siquiera inocente, sino un “delincuente objetivo” o, dicho de otro modo, un criminal sobre el que no pesa la existencia de crimen alguno.


Y eso es justamente lo que ocurre con los no nacidos que son condenados a muerte. Son millones las voces de españoles que se han levantado contra el asesinato masivo de seres inocentes, cuyo único delito es el de haber sido engendrados. Son millones las voces que gritan, pero una sola la razón por la que lo hacen: porque los no nacidos tienen derecho a la vida. Son millones las voces que claman, pero uno solo el nombre de quien atenta contra la vida de un ser humano: asesino.


Alguien me dirá, como si yo no lo supiera, que el código civil sólo atribuye personalidad jurídica al nacido que tenga figura humana y viva veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno y que por ello el no nacido no es un ser humano. ¿Ha visto usted la foto de ese cuerpecito minúsculo nacido tras apenas cuatro meses de gestación, acunado entre las manos adultas de un hombre,? ¿Diría usted que ése no es un ser humano? ¿O que no lo era unos minutos antes de nacer? ¿Qué es, Bibiana? ¿Un repollo? ¿Una excrecencia del cuerpo de la madre? ¿Sabe usted que el feto piensa, ríe, llora, siente, sufre, duerme y sueña, mucho antes de nacer?


No, no son razones legales las que otorgan la humanidad al feto, ni son legales las que proscriben la muerte intencionada de un ser humano. Son razones morales, ésas que habitan en lo más profundo de la conciencia individual de cada uno y que forman parte imprescriptible de la conciencia común. Las mismas razones morales, por cierto, a las que apelamos los cristianos.


No matarás.


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martes, 2 de marzo de 2010

Uno de funcionarios

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(Artículo publicado el 2 de marzo de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)



Como ocurre siempre en tiempos de crisis, aquéllos que encendían el puro con billetes de mil (alguno lo sigue haciendo) tornan su mirada justiciera hacia los funcionarios que, ahora sí, vuelven a ser esa “casta privilegiada”, a pesar de que ni antes ni ahora pudieron pagarse un plato de langostinos del Mar Menor. No voy a escribir más ya que, como buen funcionario que soy, dejaré que lo haga otro. Reproduzco a continuación la carta escrita por una funcionaria de la Junta de Andalucía en respuesta a un artículo de Martín Ferrand titulado, ni más ni menos, que “La dictadura del funcionariado”.



Sr. Martín Ferrand: Son ya muchos los comentarios despectivos y miserables que se están lanzando contra los funcionarios, esa casta, como usted los llama, de la que yo formo parte. Pero ha sido precisamente su artículo de opinión, por venir de quien viene, todo un profesional del periodismo, a quien yo creía objetivo y sensato, el que me ha encendido sobremanera y no quiero pasar por alto mi oportunidad de respuesta porque no ha podido ser más subjetivo, más insensato y sobre todo, más erróneo en sus planteamientos contra nuestra “casta”.


En primer lugar, ni yo ni ninguno de los muchos compañeros a los que trato nos sentimos ni tenemos porqué sentirnos servidores de nadie, y mucho menos queremos ser servidos. Le aclaro que en mi declaración a Hacienda no consta que sea servidora de nadie, sino una empleada por cuenta ajena; en este caso, mi empresa es la Junta de Andalucía, a la que accedí por cierto tras unas duras oposiciones y en la que tras, 25 años de servicio como Administrativa (es decir 8 trienios), con un complemento de exclusividad que me obliga a trabajar, como minimo, 110 horas más al año que el personal que no lo tiene, y gestionando un Negociado, cobro 1.500 €, de los cuales usted se cree muy dueño de rebajar un 20%.


Comenta que, por la crisis, es el funcionariado el que tiene que ver disminuidos sus ingresos ¿Por qué? ¿Es que en épocas de “vacas gordas” el Gobierno hace conmigo reparto de beneficios? ¿Está usted quizás dispuesto a darme algo de sus ingresos cuando éstos sobrepasen lo que habitualmente cobra? ¿Está dispuesto acaso a hacerlo algún profesional “libre” de este país? Le pongo un ejemplo muy concreto. Un vecino de mi bloque, trabajador de la construcción, tan discreto en ingresos como yo hasta el “boom” urbanístico, ha podido invertir y comprar dos pisos más en Sevilla capital. Es cierto, ahora está en paro, pero yo y toda mi casta hemos contribuido a que pueda cobrar el subsidio de desempleo, porcentaje que pagamos todos los meses aunque a nosotros no nos haga falta, pues jamás lo cobraremos. Además, usted pretende rebajar mi sueldo un 20% para “repartirlo” con él y con muchos como él a quienes ahora no les va bien. ¿Hablaría usted con él para que me cediera uno de sus pisos y que yo pueda dejar de pagar la hipoteca del único pisito que poseo y que me está quitando el sueño? Los dos creemos que él no estaría dispuesto, ¿verdad?


Habla también de que pretendemos vivir sin la incertidumbre que acompaña a otros ciudadanos. Pues sí, Sr. Martín, de eso se trata. Aspirar a ser funcionarios es aspirar a poco materialmente en la vida, nunca seremos ricos, pero aspiramos a la estabilidad en el empleo, recurso al que puede aspirar cualquier persona, usted también, aprobando unas oposiciones. Por tanto, si yo he aspirado a “ganar poco y vivir tranquila” es un derecho adquirido y no, no me he adueñado de nada ni considero mi puesto hereditario. Mis hijos se lo tendrán que currar, y posiblemente más que los suyos, por venir de una familia más humilde o más sencilla, como quiera llamarlo. Y es en este punto donde más me enciendo. ¿Con qué derecho se cree a proclamar a los cuatro vientos que mis dos hijos (estoy separada) tengan que vivir con un 20% menos de lo que viven? Ah, y yo declaro hasta el último céntimo que gano (y todos sabemos que eso no es así en todas las profesiones, que hay mucha “economía sumergida”). Por lo tanto, no intente “calentarle” el ánimo a nadie con el hecho de que son los ciudadanos con sus impuestos los que me retribuyen, pues nosotros también contribuimos y mucho a las arcas del Estado.


Y una cosa más, considero el trabajo de esta casta mucho más importante para el país que el de su profesión, por ejemplo. Si no escribe un dia un artículo no pasa absolutamente nada, pero si mis compañeros de la Sanidad, la Enseñanza, los Cuerpos de Seguridad… no acudieran a su trabajo…


En fin Sr. Martín piense más lo que escribe antes de hacerlo”.



En efecto, piense, señor Martín. Se puede escribir mejor, pero no más claro.

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miércoles, 24 de febrero de 2010

Otro Cristo

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(Artículo publicado el 23 de febrero de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)



Con ocasión de mi artículo anterior, titulado “La de dios es cristo” y dedicado a los nuevos intentos de retirar el Cristo de Monteagudo, el abogado José Luis Mazón, a quien por cierto no conozco personalmente, envió un comentario a la edición digital de este diario que no pude contestar por aquello del desencuentro que mantengo con las cosas de la informática y las nuevas tecnologías ¡Qué tiempos aquéllos en los que los teléfonos móviles tenían alas, zureaban y, si fallaban, te los podías comer a la cazuela! Del comentario, en el que Mazón me explicaba que la idea no procedía de conjura alguna, sino que se trataba de una decisión personal a partir de una reflexión sobre la desaparición de los crucifijos en clase, diré que me agradó su tono respetuoso y hasta afable, lo que dice bastante del remitente. Es muy posible que, a pesar de tener pareceres diferentes o, tal vez por ello, una conversación con Mazón sea más gratificante que la lectura de las obras completas de algunos conmilitones que yo me sé.


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No obstante las buenas maneras, sigo condenando los intentos de despoblar el paisaje de imágenes religiosas. Y en prueba de ello, les obsequio con una carta que alguien me envió este invierno por email y que, sorprendentemente, fui capaz de abrir a la primera. Dicen que la escribió un tal Santiago Varela y que la dirigió al Congreso de los Diputados:
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Ilustrísimos Sres/as Diputado/as:
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Soy profesor en un centro público y me dirijo a sus Ilustrísimas para comunicarles que procederé inmediatamente a la retirada del crucifijo tanto en el aula como en mi despacho. No esperaré a que me obligue la futura Ley de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno ¿Cómo hemos podido tardar tanto en darnos cuenta de que estamos en un Estado aconfesional y ninguna religión tiene carácter oficial? ¡Debemos avergonzarnos del daño que hemos podido causar por mantener ese símbolo tan insultante en nuestros espacios públicos! ¡Y cuánta falta de respeto y de sensibilidad democrática hacia los ciudadanos que no profesan tal religión!


Es imperdonable haber mantenido públicamente el símbolo de ese personaje judío que mereció tal muerte por denunciar la corrupción de los poderes políticos y religiosos de su época, por oponerse a la opresión y a los abusos que los gobernantes imponían al pueblo, por andar con prostitutas, ladrones e ilegales, aquel individuo que entregó su vida hasta el sacrificio en la cruz por andar defendiendo la libertad, la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos.






No tardaré ni un minuto más en retirar el crucifijo por el que muchos millones de personas han entregado su vida. Retiraré el crucifijo porque no quiero seguir siendo responsable de que los alumnos y ciudadanos que lo vean descubran los valores de entrega, radicalidad, esfuerzo, amor y solidaridad que expresa ese judío colgado de la cruz, con los brazos abiertos en señal de acogida y de perdón. Quitaré el crucifijo, no sea que quien lo vea caiga en la cuenta que hoy sigue habiendo muchos crucificados por las mismas causas, a los que sí habría que retirar de sus cruces. Quitaré el crucifijo, pues no quiero que mis alumnos piensen que entregar la propia vida por los demás es el valor más sublime.




En su lugar, ilustrísimas señorías, he pensando poner un preservativo, o un blister de píldoras del día después o una cureta cruzada con un fórceps con el que se provoca la interrupción del embarazo, cualquiera de ellos representaría perfectamente el valor supremo de la libertad. Pero pensándolo mejor, no sería buena idea, porque no todos lo entenderían y además no queda nada estético colocar un condón junto a la foto del Borbón.
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Por ello he decidido sustituir el crucifijo por una Obra de Arte, de esas que nuestros artistas universales han producido y que están expuestas en los Museos de todo el mundo para que sean apreciadas por millones de ciudadanos. Una obra de arte no debe escandalizar ni provocar ningún perjuicio en las convicciones íntimas de quien la admira. He pensado en artistas como el genial Salvador Dalí, paisano de los de ERC, o en Mariano Benlliure, paisano de la Sra. Pajín, aunque me tienta poner a mis dos artistas favoritos, uno extremeño, Zurbarán; y otro como yo, andaluz, el universal Velázquez.

Y, como sería de gran ayuda que me ayudasen a decidirme, les envío mis preferencias en el archivo adjunto.




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El archivo que adjuntaba a la carta contenía las imágenes que ilustran este artículo. De nada, jóvenes.






jueves, 18 de febrero de 2010

La de dios es cristo

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(Artículo publicado el 16 de febrero de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)



Pues sí. Cuando la Conjura de lo Políticamente correcto no está montando un belén, está desmontando un Cristo. Y es que estos chicos de la izquierda no descansan y, con el mismo afán con que defienden la conservación de cuatro ladrillos de adobe por el simple hecho de que son restos de la morería, agarran la piqueta y la emprenden a golpes con Santiago Matamoros precisamente por lo mismo. Ya saben que lo suyo es la ruina por la ruina.


No me creo yo que esto del Cristo de Monteagudo sea cosa de uno, por muchas ganas de notoriedad que tenga. La cosa viene de lejos, pues ya son años los que lleva la izquierda queriendo hacer un parque arqueológico en Monteagudo y, de paso, como el que no quiere la cosa y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, eliminar el Corcovado huertano que tanto les pone de los nervios. El Sagrado Corazón de Monteagudo es un símbolo odiado por la Conjura, el segundo, por cierto, pues el primer Cristo de Monteagudo fue destruido durante la guerra civil. Imaginen lo que debe ser para la muchachada de izquierdas amanecer todos los días por la mañana, volver la vista al levante, o sea, en dirección a la Meca, y encontrarse al Cristo con los brazos abiertos, como perdonándoles por los pecados cometidos, a ellos que son ateos por la gracia de Dios; al Cristo, digo, erguido en lo alto de un castillo moro y puesto allí hace cincuenta años por Franco, aquel hombre.


La iniciativa del abogado Mazón (a quien ya le han construido leyenda para el escudo de armas, “a Dios rogando y con el mazón dando”) es de armas tomar, no se crean. No se crean, digo, que con dos aspavientos en la prensa local y con una concentración medio católica, medio huertana, en la Plaza de Belluga, van a lograr detener a este desfacedor de entuertos, porque ni se trata sólo de él, ni la contienda se va a plantear aquí, a la orilla del azarbe. La Conjura en pleno llevaba tiempo afinando la puntería y cargando el trabuco con munición arqueológica. Se trata de eliminar, según afirman, un agravio arqueológico realizado por Franco, aquel hombre, en las carnes de nuestro patrimonio monumental, entiéndase por tal única y exclusivamente el dejado por las huestes de Mahoma. Y para ello se acogen a las leyes de protección del patrimonio arqueológico que, como los preservativos de última generación, se adaptan a todos los tamaños y formas. Pero no sólo las leyes murcianas y españolas, sino la europeas. La batalla, señores, no se ganará o perderá, sino en Estrasburgo, en aquellos tribunales que no entienden del sentimiento lugareño de Monteagudo, del Cabezo o de El Esparragal, y resolverán los mismos jueces europeos que ya han resuelto la proscripción de los crucifijos en clase, los mismos que eliminaron cualquier referencia a las raíces cristianas en aquel bodrio conocido como Constitución Europea.


Y todo esto pudiera ocurrir con la complacencia políticamente correcta de la derecha, por llamarla de alguna manera. Pierdan toda esperanza, la derecha descafeinada no defenderá al Cristo de Monteagudo si con ello se sale del marco de lo políticamente correcto. Y me sospecho que defender una seña del catolicismo en contra del laicismo rampante no sea muy correcto políticamente hablando, que hablando se entiende la gente. Como tampoco lo sea defender un monumento que mandó construir Franco, ese hombre, ese hombre que, después de muerto y precisamente por ello, puede convertir en delincuente al juez Garzón.


Si quieren salvar de la piqueta al Cristo de Montegaudo háganme caso y déjense de rogativas y alharacas, busquen un buen abogado con experiencia europea y pónganse en manos de un lobby que sepa manejar los hilos en los foros judiciales europeos, pues es allí donde se va a ganar o se va a perder la batalla de Monteagudo.


Nada que ver con el Castillejo ni con el paparajote.


Háganme caso.



martes, 9 de febrero de 2010

God bless Spain

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(Artículo publicado el 9 de febrero de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)


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(Por cierto, ¿de qué se reía Zapatero en Davos, con la que está cayendo?)













El Foro Económico Mundial, más conocido como el Foro de Davos, es una fundación que reúne todos los años en Suiza a los principales líderes empresariales, políticos, periodistas e intelectuales del mundo con el fin de analizar los desafíos de los mercados mundiales. Fundada en 1971 por el profesor de Economía Schwab, esta organización no está ligada a intereses políticos ni tiene ánimo de lucro y se considera la máxima expresión del liberalismo. Está financiado por las aportaciones voluntarias de cien empresas que tienen la característica común de que facturan cada una de ellas más de 5.000 millones anuales de dólares. Pues bien. Primero lo sentaron junto a Grecia y Letonia, ambas al borde de la bancarrota. Luego, le pusieron la traductora más fea que tenían a mano, vamos, para que no pasara desapercibido que no tiene ni pajolera de inglés. Luego, por si quedaba alguna duda, se hizo la cosa un lío con los auriculares del equipo de traducción simultánea. Para rematar, olvidando que estaba ante el foro más descreído del mundo, pidió fe y confianza en la desarbolada economía española. Como premio de despedida, el gurú económico Nouriel Roubini afirmó ante las mismísimas narices presidenciales que España es un riesgo de “desastre para la eurozona”. Todo esto le ocurrió a Zapatero en Davos.




Unos días después, el premio Nobel de Economía Paul Krugman coincidía con Roubini en un artículo publicado en el New York Times al señalr que la mayor dificultad para le eurozona no es Grecia, sino España. Luego, el otro líder planetario anunció su decisión de no acudir a la cumbre euronorteamericana de Madrid prevista para mayo. Pareciera que Obama no quiere salir en la foto europea de la mano de Zapatero, que dirían las malas lenguas.



Todo esto ocurría poco antes de los dos líderes cósmicos se vieran en Washington con ocasión del Desayuno Nacional del Oración, al que Zapatero acudía como invitado especial de The Fellowship Foundation, más conocida como La Hermandad, una singular asociación norteamericana ultrareligiosa y ultraconservadora que organiza cada año esos desayunos al modo y manera en que el PP de Lorca organiza en cada campaña electoral la cena con huevos fritos. Dicen también las malas lenguas que la Hermandad invitó al Desayuno de Oración a Zapatero, conocido descreido, como castigo por los muchos pecados de Obama. Pudiera ser. El Aliador de Civilizaciones habló de salarios justos, citando al Deuteronomio, que no es un amigo zapaterino de León, no, querido lector malasombra, sino un libro de la Biblia, concretamente el último de la Torá o del Pentateuco. Deuteronomio significa Segunda Ley por contraposición a la Primera Ley, que fue la recibida por Moisés en el Monte Sinaí. Alguien escribió que el Libro de los Libros ofrece respuestas para todo si se buscan con paciencia. Y debe ser así porque Zapatero encontró en la Biblia un texto que más parece sacado del Estatuto de los Trabajadores que de la pluma de Moisés y de los grandes patriarcas: “No explotarás al jornalero pobre necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque está necesitado y su vida depende de su jornal.” Debió ser por eso que en los mercados mundiales, que no entienden el mensaje del Deuteronomio, ni creen en más prédica que la de dar trigo, se desplomaron los valores españoles en lo que ya se conoce como el “jueves negro”, y no precisamente en honor de Obama, el otro líder planetario.



Claro que todo esto ocurrió antes de que Zapatero (donde dije digo digo diego) pusiera en cuestión la edad de jubilación, el futuro de las pensiones y el período mínimo de cotización para el cálculo de las mismas.



Hay quien piensa que, aprovechando que así se las ponían a Fernando Séptimo, el impío Zapatero podría haber concluido su oración laica en Washington con la misma fórmula con la que los presidentes norteamericanos rematan sus discursos, God bless America, pero cambiando América por España. A lo mejor los cielos que nos donaron la libertad, como decía el cervantino y repolludo presidente, se habrían apiadado de los parados españoles dándoles también trabajo.



Pero eso, claro, habría sido mucho rogar.







martes, 2 de febrero de 2010

El Patio de Monipodio

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(Artículo publicado el 2 de febrero de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)



Los que estudiamos Lengua y Literatura en el políticamente inorrecto bachiller de entonces recordaremos sin duda la cervantina Rinconete y Cortadillo, una de las Novelas Ejemplares asimiladas al género picaresco, del que constituyen sus más altas representaciones la anónima El Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán y El Buscón de Francisco de Quevedo. Huelga decir que hay más ejemplos y más recientes de la picaresca española, muchos de los cuales habitan entre nosotros, mientras que otros se publican a diario en los diferentes Boletines Oficiales del Reino de Taifas, en una especie de cinta sin fin de Las aventuras del Bachiller Trapaza, de Alonso de Castillo Solórzano.


Cervantes situó la acción de Rinconete y Cortadillo en un espacio singular de la ciudad de Sevilla, el Patio de Monipodio, “…un pequeño patio ladrillado, y de puro limpio y aljimifrado parecía que vertía carmín de lo más fino. A un lado estaba un banco de tres pies, y al otro un cántaro desbocado con un jarrillo encima, no menos falto que el cántaro; a otra parte estaba una estera de enea, y en el medio un tiesto, que en Sevilla llaman maceta, de albahaca”. Pero lo más curioso del Patio no era su aspecto, sino los variopintos personajes que lo poblaban: “dos mozos de hasta veinte años cada uno, vestidos de estudiantes; y de allí a poco, dos de la esportilla y un ciego; y, sin hablar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio. No tardó mucho, cuando entraron dos viejos de bayeta, con antojos que los hacían graves y dignos de ser respectados, con sendos rosarios de sonadoras cuentas en las manos. Tras ellos entró una vieja halduda (…) En resolución, en poco espacio se juntaron en el patio hasta catorce personas de diferentes trajes y oficios”. Era el Patio de Monipodio, así llamado en honor de su dueño, la sede de la cofradía de ladrones y tunantes de Sevilla, y a él llegaron Rinconete y Cortadillo de la mano de uno de ellos, al que le preguntaron:


-¿Es vuesa merced, por ventura, ladrón?


-Sí -respondió él-, para servir a Dios y a las buenas gentes, aunque no de los muy cursados; que todavía estoy en el año del noviciado.


A lo cual respondió Cortado:


-Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente.


A lo cual respondió el mozo:


-Señor, yo no me meto en tologías; lo que sé es que cada uno en su oficio puede alabar a Dios, y más con la orden que tiene dada Monipodio a todos sus ahijados.


-Sin duda -dijo Rincón-, debe de ser buena y santa, pues hace que los ladrones sirvan a Dios.


-Es tan santa y buena -replicó el mozo-, que no sé yo si se podrá mejorar en nuestro arte.


Cuando Cortadillo, interrogado luego acerca de si conocía más formas de robar que “la treta que dicen mete dos y saca cinco”, respondía que “No, por mis grandes pecados”, Monipodio le replicó “No os aflijáis, hijo, que a puerto y escuela habéis llegado donde ni os anegaréis, ni dejaréis de salir muy bien aprovechado en todo aquello que más os conviniere”.


Interrumpo esta disquisición porque mi entrañable lector malasombra lleva un rato preguntándose a qué viene tanta hoy tanta enjundia literaria. Pues viene a cuenta, querido lector, de la decisión de la Universidad de Sevilla que pretendía consagrar el derecho del estudiante a copiar en los exámenes. La normativa hispalense garantizaba a todos los alumnos su derecho a terminar la prueba pese a que, durante su realización, sea pillado copiando por un profesor”. Si, además, el procedimiento de copia era, como si dijéramos, de alta teconología (por ejemplo, un móvil o una PDF) el profesor tenía prohibido, a diferencia de las chuletas e instrumentos similares, requisar el aparato”, ya que esos dispositivos contienen datos personales y su decomiso atentaba, supongo, contra el derecho a la intimidad del estudiante o estudianta. Posteriormente, una llamada Comisión de Docencia, de composición paritaria entre alumnos y profesores, decidiría si el alumno aprueba o no. Debido capitalmente al jolgorio nacional que dicha normativa había desatado, la Universidad Hispalense ha dado marcha atrás, momento políticamente seguro que han aprovechado otros templos del saber para afirmar que ellos nunca lo harían.


Y es que el viejo y sevillano Patio de Monipodio, la alegre y pícara cofradía cervantina, por aquello del progreso y la modernidad se había convertido por unos momentos en la mismísima Universidad de Monipodio.


Soplan vientos de ZP.