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Ya sé que no es políticamente correcto escribir acerca de la reforma de la ley del aborto ahora que nos acercamos a
Se ha escrito mucho sobre este tema del aborto, se han formulado muchas opiniones y alzado muchas voces. Una de las más insensatas fue la de Bibiana Aido, superflua Ministra de Igualdad del gobierno de Zapatero y promotora de la ley, cuando dijo hace unos meses que "para mí un feto —de trece semanas— es un ser vivo, claro, pero no podemos hablar de ser humano porque no tiene ninguna base científica". Frase, por cierto, muy parecida a la que se atribuye a Adolf Hitler: “Es indudable que los judíos son una raza, pero no son humanos”. No he encontrado una sola referencia bibliográfica de esta frase exacta, pero les aseguro que Hitler dijo cosas mucho peores de los judios. Y, además, las hizo.
Tal vez por ello, ha habido quien ha comparado esta medida, la práctica liberalización del aborto en España, con las medidas nazis en materia de higiene racial y de eutanasia. Sin embargo, el régimen asesino de Hitler no incluyó expresamente el aborto entre sus muchas culpas, tal vez porque respecto de las mujeres alemanas, lo que interesaba era precisamente lo contrario, el crecimiento y la multiplicación de la llamada “raza superior” (lebensborn), mientras que respecto de las demás razas, las formadas por infrahumanos o untermenschen, el aborto se mostraba irrelevante ante la determinación explícita de su exterminio.
Hannah Arendt, en el prólogo a la tercera parte de Los Orígenes del Totalitarismo, recoge la expresión “delincuente sin delito”, tomada de la apelación formulada en un juicio de depuración en
Y eso es justamente lo que ocurre con los no nacidos que son condenados a muerte. Son millones las voces de españoles que se han levantado contra el asesinato masivo de seres inocentes, cuyo único delito es el de haber sido engendrados. Son millones las voces que gritan, pero una sola la razón por la que lo hacen: porque los no nacidos tienen derecho a la vida. Son millones las voces que claman, pero uno solo el nombre de quien atenta contra la vida de un ser humano: asesino.
Alguien me dirá, como si yo no lo supiera, que el código civil sólo atribuye personalidad jurídica al nacido que tenga figura humana y viva veinticuatro horas enteramente desprendido del seno materno y que por ello el no nacido no es un ser humano. ¿Ha visto usted la foto de ese cuerpecito minúsculo nacido tras apenas cuatro meses de gestación, acunado entre las manos adultas de un hombre,? ¿Diría usted que ése no es un ser humano? ¿O que no lo era unos minutos antes de nacer? ¿Qué es, Bibiana? ¿Un repollo? ¿Una excrecencia del cuerpo de la madre? ¿Sabe usted que el feto piensa, ríe, llora, siente, sufre, duerme y sueña, mucho antes de nacer?
No, no son razones legales las que otorgan la humanidad al feto, ni son legales las que proscriben la muerte intencionada de un ser humano. Son razones morales, ésas que habitan en lo más profundo de la conciencia individual de cada uno y que forman parte imprescriptible de la conciencia común. Las mismas razones morales, por cierto, a las que apelamos los cristianos.
No matarás.
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(Artículo publicado el 2 de marzo de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)
Como ocurre siempre en tiempos de crisis, aquéllos que encendían el puro con billetes de mil (alguno lo sigue haciendo) tornan su mirada justiciera hacia los funcionarios que, ahora sí, vuelven a ser esa “casta privilegiada”, a pesar de que ni antes ni ahora pudieron pagarse un plato de langostinos del Mar Menor. No voy a escribir más ya que, como buen funcionario que soy, dejaré que lo haga otro. Reproduzco a continuación la carta escrita por una funcionaria de
“Sr. Martín Ferrand: Son ya muchos los comentarios despectivos y miserables que se están lanzando contra los funcionarios, esa casta, como usted los llama, de la que yo formo parte. Pero ha sido precisamente su artículo de opinión, por venir de quien viene, todo un profesional del periodismo, a quien yo creía objetivo y sensato, el que me ha encendido sobremanera y no quiero pasar por alto mi oportunidad de respuesta porque no ha podido ser más subjetivo, más insensato y sobre todo, más erróneo en sus planteamientos contra nuestra “casta”.
En primer lugar, ni yo ni ninguno de los muchos compañeros a los que trato nos sentimos ni tenemos porqué sentirnos servidores de nadie, y mucho menos queremos ser servidos. Le aclaro que en mi declaración a Hacienda no consta que sea servidora de nadie, sino una empleada por cuenta ajena; en este caso, mi empresa es
Comenta que, por la crisis, es el funcionariado el que tiene que ver disminuidos sus ingresos ¿Por qué? ¿Es que en épocas de “vacas gordas” el Gobierno hace conmigo reparto de beneficios? ¿Está usted quizás dispuesto a darme algo de sus ingresos cuando éstos sobrepasen lo que habitualmente cobra? ¿Está dispuesto acaso a hacerlo algún profesional “libre” de este país? Le pongo un ejemplo muy concreto. Un vecino de mi bloque, trabajador de la construcción, tan discreto en ingresos como yo hasta el “boom” urbanístico, ha podido invertir y comprar dos pisos más en Sevilla capital. Es cierto, ahora está en paro, pero yo y toda mi casta hemos contribuido a que pueda cobrar el subsidio de desempleo, porcentaje que pagamos todos los meses aunque a nosotros no nos haga falta, pues jamás lo cobraremos. Además, usted pretende rebajar mi sueldo un 20% para “repartirlo” con él y con muchos como él a quienes ahora no les va bien. ¿Hablaría usted con él para que me cediera uno de sus pisos y que yo pueda dejar de pagar la hipoteca del único pisito que poseo y que me está quitando el sueño? Los dos creemos que él no estaría dispuesto, ¿verdad?
Habla también de que pretendemos vivir sin la incertidumbre que acompaña a otros ciudadanos. Pues sí, Sr. Martín, de eso se trata. Aspirar a ser funcionarios es aspirar a poco materialmente en la vida, nunca seremos ricos, pero aspiramos a la estabilidad en el empleo, recurso al que puede aspirar cualquier persona, usted también, aprobando unas oposiciones. Por tanto, si yo he aspirado a “ganar poco y vivir tranquila” es un derecho adquirido y no, no me he adueñado de nada ni considero mi puesto hereditario. Mis hijos se lo tendrán que currar, y posiblemente más que los suyos, por venir de una familia más humilde o más sencilla, como quiera llamarlo. Y es en este punto donde más me enciendo. ¿Con qué derecho se cree a proclamar a los cuatro vientos que mis dos hijos (estoy separada) tengan que vivir con un 20% menos de lo que viven? Ah, y yo declaro hasta el último céntimo que gano (y todos sabemos que eso no es así en todas las profesiones, que hay mucha “economía sumergida”). Por lo tanto, no intente “calentarle” el ánimo a nadie con el hecho de que son los ciudadanos con sus impuestos los que me retribuyen, pues nosotros también contribuimos y mucho a las arcas del Estado.
Y una cosa más, considero el trabajo de esta casta mucho más importante para el país que el de su profesión, por ejemplo. Si no escribe un dia un artículo no pasa absolutamente nada, pero si mis compañeros de
En fin Sr. Martín piense más lo que escribe antes de hacerlo”.
En efecto, piense, señor Martín. Se puede escribir mejor, pero no más claro.
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(Artículo publicado el 23 de febrero de 2010 en el diario La Opinión de Murcia)Con ocasión de mi artículo anterior, titulado “La de dios es cristo” y dedicado a los nuevos intentos de retirar el Cristo de Monteagudo, el abogado José Luis Mazón, a quien por cierto no conozco personalmente, envió un comentario a la edición digital de este diario que no pude contestar por aquello del desencuentro que mantengo con las cosas de la informática y las nuevas tecnologías ¡Qué tiempos aquéllos en los que los teléfonos móviles tenían alas, zureaban y, si fallaban, te los podías comer a la cazuela! Del comentario, en el que Mazón me explicaba que la idea no procedía de conjura alguna, sino que se trataba de una decisión personal a partir de una reflexión sobre la desaparición de los crucifijos en clase, diré que me agradó su tono respetuoso y hasta afable, lo que dice bastante del remitente. Es muy posible que, a pesar de tener pareceres diferentes o, tal vez por ello, una conversación con Mazón sea más gratificante que la lectura de las obras completas de algunos conmilitones que yo me sé.
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Soy profesor en un centro público y me dirijo a sus Ilustrísimas para comunicarles que procederé inmediatamente a la retirada del crucifijo tanto en el aula como en mi despacho. No esperaré a que me obligue la futura Ley de Libertad Religiosa que prepara el Gobierno ¿Cómo hemos podido tardar tanto en darnos cuenta de que estamos en un Estado aconfesional y ninguna religión tiene carácter oficial? ¡Debemos avergonzarnos del daño que hemos podido causar por mantener ese símbolo tan insultante en nuestros espacios públicos! ¡Y cuánta falta de respeto y de sensibilidad democrática hacia los ciudadanos que no profesan tal religión!
Es imperdonable haber mantenido públicamente el símbolo de ese personaje judío que mereció tal muerte por denunciar la corrupción de los poderes políticos y religiosos de su época, por oponerse a la opresión y a los abusos que los gobernantes imponían al pueblo, por andar con prostitutas, ladrones e ilegales, aquel individuo que entregó su vida hasta el sacrificio en la cruz por andar defendiendo la libertad, la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos.

No tardaré ni un minuto más en retirar el crucifijo por el que muchos millones de personas han entregado su vida. Retiraré el crucifijo porque no quiero seguir siendo responsable de que los alumnos y ciudadanos que lo vean descubran los valores de entrega, radicalidad, esfuerzo, amor y solidaridad que expresa ese judío colgado de la cruz, con los brazos abiertos en señal de acogida y de perdón. Quitaré el crucifijo, no sea que quien lo vea caiga en la cuenta que hoy sigue habiendo muchos crucificados por las mismas causas, a los que sí habría que retirar de sus cruces. Quitaré el crucifijo, pues no quiero que mis alumnos piensen que entregar la propia vida por los demás es el valor más sublime.

Y, como sería de gran ayuda que me ayudasen a decidirme, les envío mis preferencias en el archivo adjunto.
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El archivo que adjuntaba a la carta contenía las imágenes que ilustran este artículo. De nada, jóvenes.

Pues sí. Cuando
No me creo yo que esto del Cristo de Monteagudo sea cosa de uno, por muchas ganas de notoriedad que tenga. La cosa viene de lejos, pues ya son años los que lleva la izquierda queriendo hacer un parque arqueológico en Monteagudo y, de paso, como el que no quiere la cosa y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, eliminar el Corcovado huertano que tanto les pone de los nervios. El Sagrado Corazón de Monteagudo es un símbolo odiado por
La iniciativa del abogado Mazón (a quien ya le han construido leyenda para el escudo de armas, “a Dios rogando y con el mazón dando”) es de armas tomar, no se crean. No se crean, digo, que con dos aspavientos en la prensa local y con una concentración medio católica, medio huertana, en
Y todo esto pudiera ocurrir con la complacencia políticamente correcta de la derecha, por llamarla de alguna manera. Pierdan toda esperanza, la derecha descafeinada no defenderá al Cristo de Monteagudo si con ello se sale del marco de lo políticamente correcto. Y me sospecho que defender una seña del catolicismo en contra del laicismo rampante no sea muy correcto políticamente hablando, que hablando se entiende la gente. Como tampoco lo sea defender un monumento que mandó construir Franco, ese hombre, ese hombre que, después de muerto y precisamente por ello, puede convertir en delincuente al juez Garzón.
Si quieren salvar de la piqueta al Cristo de Montegaudo háganme caso y déjense de rogativas y alharacas, busquen un buen abogado con experiencia europea y pónganse en manos de un lobby que sepa manejar los hilos en los foros judiciales europeos, pues es allí donde se va a ganar o se va a perder la batalla de Monteagudo.
Nada que ver con el Castillejo ni con el paparajote.
Háganme caso.

El Foro Económico Mundial, más conocido como el Foro de Davos, es una fundación que reúne todos los años en Suiza a los principales líderes empresariales, políticos, periodistas e intelectuales del mundo con el fin de analizar los desafíos de los mercados mundiales. Fundada en 1971 por el profesor de Economía Schwab, esta organización no está ligada a intereses políticos ni tiene ánimo de lucro y se considera la máxima expresión del liberalismo. Está financiado por las aportaciones voluntarias de cien empresas que tienen la característica común de que facturan cada una de ellas más de 5.000 millones anuales de dólares. Pues bien. Primero lo sentaron junto a Grecia y Letonia, ambas al borde de la bancarrota. Luego, le pusieron la traductora más fea que tenían a mano, vamos, para que no pasara desapercibido que no tiene ni pajolera de inglés. Luego, por si quedaba alguna duda, se hizo la cosa un lío con los auriculares del equipo de traducción simultánea. Para rematar, olvidando que estaba ante el foro más descreído del mundo, pidió fe y confianza en la desarbolada economía española. Como premio de despedida, el gurú económico Nouriel Roubini afirmó ante las mismísimas narices presidenciales que España es un riesgo de “desastre para la eurozona”. Todo esto le ocurrió a Zapatero en Davos.

Los que estudiamos Lengua y Literatura en el políticamente inorrecto bachiller de entonces recordaremos sin duda la cervantina Rinconete y Cortadillo, una de las Novelas Ejemplares asimiladas al género picaresco, del que constituyen sus más altas representaciones la anónima El Lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán y El Buscón de Francisco de Quevedo. Huelga decir que hay más ejemplos y más recientes de la picaresca española, muchos de los cuales habitan entre nosotros, mientras que otros se publican a diario en los diferentes Boletines Oficiales del Reino de Taifas, en una especie de cinta sin fin de Las aventuras del Bachiller Trapaza, de Alonso de Castillo Solórzano.
Cervantes situó la acción de Rinconete y Cortadillo en un espacio singular de la ciudad de Sevilla, el Patio de Monipodio, “…un pequeño patio ladrillado, y de puro limpio y aljimifrado parecía que vertía carmín de lo más fino. A un lado estaba un banco de tres pies, y al otro un cántaro desbocado con un jarrillo encima, no menos falto que el cántaro; a otra parte estaba una estera de enea, y en el medio un tiesto, que en Sevilla llaman maceta, de albahaca”. Pero lo más curioso del Patio no era su aspecto, sino los variopintos personajes que lo poblaban: “dos mozos de hasta veinte años cada uno, vestidos de estudiantes; y de allí a poco, dos de la esportilla y un ciego; y, sin hablar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio. No tardó mucho, cuando entraron dos viejos de bayeta, con antojos que los hacían graves y dignos de ser respectados, con sendos rosarios de sonadoras cuentas en las manos. Tras ellos entró una vieja halduda (…) En resolución, en poco espacio se juntaron en el patio hasta catorce personas de diferentes trajes y oficios”. Era el Patio de Monipodio, así llamado en honor de su dueño, la sede de la cofradía de ladrones y tunantes de Sevilla, y a él llegaron Rinconete y Cortadillo de la mano de uno de ellos, al que le preguntaron:
-¿Es vuesa merced, por ventura, ladrón?
-Sí -respondió él-, para servir a Dios y a las buenas gentes, aunque no de los muy cursados; que todavía estoy en el año del noviciado.
A lo cual respondió Cortado:
-Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente.
A lo cual respondió el mozo:
-Señor, yo no me meto en tologías; lo que sé es que cada uno en su oficio puede alabar a Dios, y más con la orden que tiene dada Monipodio a todos sus ahijados.
-Sin duda -dijo Rincón-, debe de ser buena y santa, pues hace que los ladrones sirvan a Dios.
-Es tan santa y buena -replicó el mozo-, que no sé yo si se podrá mejorar en nuestro arte.
Cuando Cortadillo, interrogado luego acerca de si conocía más formas de robar que “la treta que dicen mete dos y saca cinco”, respondía que “No, por mis grandes pecados”, Monipodio le replicó “No os aflijáis, hijo, que a puerto y escuela habéis llegado donde ni os anegaréis, ni dejaréis de salir muy bien aprovechado en todo aquello que más os conviniere”.
Interrumpo esta disquisición porque mi entrañable lector malasombra lleva un rato preguntándose a qué viene tanta hoy tanta enjundia literaria. Pues viene a cuenta, querido lector, de la decisión de
Y es que el viejo y sevillano Patio de Monipodio, la alegre y pícara cofradía cervantina, por aquello del progreso y la modernidad se había convertido por unos momentos en la mismísima Universidad de Monipodio.
Soplan vientos de ZP.

No ha podido empezar peor la presidencia española de turno de
En los últimos tiempos España ha sido un ejemplo para Europa y para el mundo… de lo que no se debe hacer. Prácticamente, no ha habido medida o decisión alguna cuya ineficacia o inoportunidad, o ambas cosas a la vez, no hayan quedado patentes a los pocos días de su adopción. Desde el secuestro del Alakrana a la aparición de Mr. Bean, el “acontecimiento histórico a escala planetaria” lleva camino de convertirse en una chirigota interestelar, en un sainete cósmico, en una bufonada sideral. Añádanle a todo esto la querencia presidencial a la improvisación y a la trivialidad. Hasta el ministro alemán de economía, Rainer Brüderle, tuvo que pararle los pies a un improvisado y lenguaraz Zapatero, transformado en una especie de David Matagigantes armado de un tirachinas, que había anunciado sanciones económicas a los países comunitarios que no cumplieran con los objetivos de crecimiento. Tras de lo cual Zapatero parece haberse vuelto algo más prudente y comedido. Cuando en una reciente entrevista publicada en el diario El País el entrevistador le preguntó acerca de las consecuencias que había tenido la crisis económica en la valoración que del gobierno hacían los ciudadanos, el presidente interplanetario, descuidadamente sincero, respondíó lo siguiente: “Estuve el otro día releyendo unas cosas de Keynes, y la verdad es que un gobernante no es un analista económico”, si bien, no me llamó la atención tanto la confesión de ignorancia, atribuible más a la distracción que a la franqueza, cuanto el hecho de que la inopia persistiera tras “releer” a Keynes. Ignatius, mi asesor en materia de lecturas económicas y otros ladrillos, no se lo cree.
Mientras tanto, el actor Rowan Atkinson se pasea tranquilamente por la calles de Bruselas y se deja fotografiar junto al Manneken Pis, ya saben ese infante del chorrito, sabedor de que, aunque a Zapatero lo confundan con él, afortunadamente a él no lo confunden con Zapatero.
Lo que no deja de ser un consuelo.